domingo, 9 de marzo de 2014

Miércoles de Ceniza


Queridos amigos:

El pasado miércoles fue el Miércoles de Ceniza. En este día empieza la Santa Cuaresma.

La cuaresma es un tiempo de ayuno, de oración, de sacrificio, de reflexión, de poner orden en nuestras vidas para prepararnos para el gran misterio de nuestra religión que es la Pasión y Muerte de Nuestro Señor Jesucristo y su triunfante Resurrección el domingo de Pascua.

A lo largo de nuestras vidas son muchos los miércoles de ceniza que hemos celebrado, tantos como años tenemos cada uno. Pero no todos los hemos celebrado igual. Si pensamos en las tres etapas principales de la vida (infancia, juventud y madurez, y vejez), en la primera, en la infancia, los que hemos tenido la suerte de nacer en una familia cristiana o nos han llevado a un colegio católico, siempre nuestros padres o profesores se han ocupado de llevarnos a la iglesia para recibir la ceniza. En esta época de nuestra vida no comprendemos bien las palabras que dice el sacerdote al imponernos la cruz en la frente con las cenizas: “polvo eres, polvo serás y en polvo te convertirás”. Más bien con risa contenida nos fijamos en cuál de nuestros compañeros tiene la mancha más grande en la frente. No alcanzamos a comprender el significado de este acto.

En la juventud y madurez ya han pasado unos cuantos años y hemos dejado atrás la infancia. Entonces sí sabemos el significado de las palabras del sacerdote, pero como estamos en plena juventud, con tanta fuerza y ocupados en nuestros quehaceres de trabajo y de estudios, el pensar que algún día seremos polvo se ve como una cosa lejana que nunca llegará o que tardará mucho tiempo en producirse.

Casi sin darnos cuenta llegamos a la tercera etapa de nuestras vidas: la ancianidad o la vejez. Pronto nos hemos dado cuenta que ya no somos como cuando éramos jóvenes, que hemos perdido la fuerza y ya no podemos hacer las cosas que antes realizábamos, y la salud poco a poco se va resquebrajando. Ahora sí en esta etapa de nuestra vida lo comprendemos todo perfectamente: que somos una pequeñez en el tiempo del mundo, que somos como hojas que flotan en el río de la vida que al principio caen verdes y frondosas y al final de sus días se tornan amarillentas y secas y la corriente las lleva por donde quiere hasta que llega un momento en que el agua se las traga. Pero aun así, esas hojas que van al lecho del río sirven de cobijo y de abono para que otra vez renazca la vida.

Pero no pensemos que todo es negativo en esta tercera parte de nuestras vidas, pues alcanzamos serenidad, paciencia, nos volvemos más agradecidos, y cuando nos sintamos solos porque nuestros hijos se han marchado de nuestros hogares para formar los suyos propios y regresan con cariño a vernos, a besarnos y abrazarnos y a traernos a sus hijos para que los veamos, entonces la soledad que sentimos se transforma en alegría y sentimos en el fondo una pequeña satisfacción al ver que hemos cumplido con nuestro ciclo en la vida.

Miércoles de Ceniza, cuántas cosas, cuántas oraciones y cuántos sacrificios tenemos que hacer sin que se note que los hacemos. Como le decía Jesús a sus discípulos:

-Cuando ayunéis y hagáis sacrificio, no pongáis la cara larga y triste para que todos os la noten y piensen “está así porque está ayunando”. Sino por el contrario, estad alegres, que nadie note que estáis haciendo un sacrificio, pues así nuestro Padre que está en los cielos os lo agradecerá. Pues si lo hacéis pensado en que la gente diga “qué bueno es que está ayunando”, Dios no os lo agradecerá pues ya habréis sido recompensados por los hombres.

¿Qué significa ayunar y hacer vigilia en cuaresma? No solamente es no poder comer carne, sustituyéndolo por los manjares que a cada uno le gusten más. Sino por el contrario, privarnos de todo aquello que nos satisface, y ese dinero dárselo a un pobre.

Amigos, hagamos de verdad este año que la Santa Cuaresma sea lo más piadosa que podamos hacer. Que el Espíritu Santo nos llene nuestras almas como cantan los niños en la catequesis:

Ven, Espíritu, muévete en mí.
Llena mi mente, mi corazón
y llena mi vida con tu amor.
Ven, Espíritu, muévete en mí.

Amigos, hagamos un firme propósito este año de cambiar. Meditemos y saquemos cada uno todo lo malo que anida en nuestro corazón, y cada día con un esfuerzo mayor consigamos llegar libres de pecado para celebrar con júbilo la gloriosa Pascua de Resurrección.

Con todo mi cariñó, Lali Maíz.

viernes, 21 de febrero de 2014

Virgen de Lourdes, abogada de los enfermos



Queridos amigos:

Hace pocos días hemos celebrado la fiesta de la Virgen de Lourdes, abogada de los enfermos, y hoy os quiero contar la historia de las apariciones de la Inmaculada Concepción a la niña Bernadette Soubirous en la cueva de Massabielle en Lourdes, Francia. A continuación os dejo un relato que he encontrado hablando de la historia de la advocación de la Virgen de Lourdes:

"La Virgen de Lourdes es una de las advocaciones de la Virgen María más veneradas del mundo entero. Su historia comienza el 11 de febrero de 1858 en Lourdes, Francia.

Bernadette Soubirous era entonces una niña de catorce años, pobre e ignorante, pero muy devota de la Virgen María y el Rosario. Bernadette fue a Massabielle a recoger leña con su hermana y otra niña, pero al tener que cruzar un río, se quedó atrás debido a su salud delicada.

Bernadette estaba cerca de una gruta cuando escuchó un ruido y sintió un viento. La sorprendió la aparición de una nube dorada y a una mujer vestida de blanco. La mujer llevaba los pies descalzos y sobre cada uno tenía una rosa dorada. En la cintura llevaba una cinta azul ancha. En las manos, juntas y posición de oración, llevaba un rosario.

Ante la aparición de la señora, la reacción de Bernadette fue comenzar a rezar el Rosario. Según algunas versiones de esta historia, cuando Bernadette rezaba las Avemarías del Rosario, la señora no decía nada y solo pasaba las cuentas. Cuando rezaba los Padres Nuestros y las Glorias, la mujer rezaba a la vez que ella. Cuando Bernadette terminó de rezar, la señora regresó a la gruta y desapareció.

Bernadette contaba que ella no sintió miedo al ver a la señora sino que hubiera deseado quedarse contemplándola por siempre. Sin embargo, cuando regresó a su casa y su madre se enteró de lo sucedido, no le creyó. Le prohibió volver pero a los pocos días le permitió a Bernadette regresar a la gruta. La señora se le apareció otra vez. Esta vez Bernadette fue acompañada de otras personas.

Para comprobar si era cierto lo que veía, Bernadette le lanzó agua bendita a la señora y le pidió que si venía en nombre de Dios, diera un paso adelante. La señora dio un paso.

Más tarde pudo convencer a su padre de que la dejara regresar a la gruta y él le permitió ir el 18 de febrero.

Fue durante esta tercera aparición del 18 de febrero que la Virgen le pidió a Bernadette que regresara durante quince 15 seguidos. Le habló en su propio dialecto gascón, y se dirigió a ella usando el "usted" (voi) de cortesía. Le dijo: "¿Me haría usted el favor de venir aquí durante quince días?". También le prometió que sería feliz en el otro mundo.

Algunos que escucharon de las apariciones, creyeron en el suceso y acudieron a la gruta. Otros se burlaron de Bernadette y lo que parecía una creación de su imaginación. El 25 de febrero, Bernadette escarbó en la tierra para buscar un manantial que la señora le indicó y tomó del agua con tierra que pudo sacar.

Bernadette fue motivo de las burlas de muchos al ensuciarse con lodo la cara por obedecer el mandato de la señora de que se lavara en el manantial que aún no había aparecido completamente. Poco después brotaron las aguas del manantial milagroso, que desde entonces han sido vehículo de muchos milagros certificados por la Iglesia Católica.

Las apariciones continuaron. La señora animó a Bernadette a rogar por los pecadores y pidió que se construyera una capilla en ese lugar. También le pidió a Bernadette que besara la tierra como acto de penitencia y signo de humildad, una práctica que continúa hoy en día en Lourdes.

El 25 de marzo de 1858 la señora apareció por decimosexta vez. Fue entonces cuando Bernadette le preguntó 4 veces quién era y ella por fin le respondió que era la Inmaculada Concepción. Por ser Bernadette una joven analfabeta y sin acceso al dogma católico de la Inmaculada Concepción de la Virgen María que había sido proclamado el 8 de diciembre de 1854 por el Papa Pío IX, estas palabras permitieron que, por fin, el sacerdote de su parroquia le creyera.

El 7 de abril, Bernadette permaneció en éxtasis durante la aparición de la Virgen, aún cuando la vela que sostenía le alcanzó las manos y se mantuvo encendida en ellas sin quemárselas.

La Virgen se le apareció por última vez a Bernadette el 16 de julio de 1858. Sus apariciones fueron declaradas auténticas el 18 de enero de 1862."


Desde entonces son miles los peregrinos que han acudido a Lourdes a implorar por la curación de sus enfermedades y problemas. No todos han tenido la suerte de ser curados físicamente, pero la verdad es que los que allí han acudido a rezar y a pedir clemencia, todos ellos vuelven a sus casas con una paz y una resignación que los hace felices.

¿Quiénes son los enfermos? ¿Para qué sirven? ¿Qué papel tienen en la Iglesia?

Los enfermos son todas aquellas personas que han perdido la salud, voluntaria o involuntariamente, y por este motivo les ha cambiado su vida. Hay multitud de clases de enfermos, tantas como enfermedades. Pero podríamos resumirlas en dos grupos:

  1. Los enfermos del alma.
  2. Los enfermos del cuerpo.

Los enfermos del alma son todas aquellas personas que tienen su espíritu corrompido y desahuciado por hacer el mal, unas veces a conciencia y otras veces inconscientemente.

Pero hay otro grupo de personas que se cree que tiene el alma limpia, por ignorancia, por falta de piedad y de oración, etc. Y entonces piensan: "yo ni he robado ni he matado a nadie, entonces no tengo pecado". Pero no piensan que si no han robado grandes cantidades de dinero o grandes cosas, muchas veces es porque no han tenido ocasión, pero sin embargo han robado en lo pequeño y han engañado a los que tienen a su alrededor en su casa o en el trabajo o en la convivencia diaria. Han robado la sonrisa y la alegría de muchas personas y han mirado para otro lado cuando se reclamaba su ayuda para no involucrarse.

Si fuéramos conscientes y pensáramos: "voy a hacer un examen de conciencia a fondo. Voy a rezar al Espíritu Santo para que me ayude a encontrar mis faltas y pecados en el último rincón de mi alma y así poderme corregirme", nos daríamos cuenta de cuán grandes son nuestras faltas y pecados, y entonces podríamos enmendarnos.

Dentro del otro grupo que piensa que no ha matado a nadie, si recapacitáramos nos daríamos cuenta de a cuántas personas hemos matado con nuestra lengua. Criticando y murmurando, levantando juicios temerarios y calumnias que hacen más daño que una herida.

Amigos, seamos valientes y pongamos en paz nuestra alma yendo a la iglesia y pidiendo perdón con el sacramento de la penitencia.

¿Para qué sirven los enfermos?

Los enfermos son aquellas personas que Dios ha elegido para que con su sufrimiento y su amor a Dios sean capaces de ofrecerlo todo en sacrificio por Él. Ellos son los cirineos que ayudaron a Jesús a llevar su cruz al monte Calvario y con su sacrificio aliviarle el dolor a Jesús.

La sombra alargada de la Cruz llega a cada uno de los enfermos y hace que con el sufrimiento y el dolor purifiquen su alma aquí en la Tierra para llegar libres de pecado a la vida eterna.

¿Qué representan los enfermos en la Iglesia?

Ellos son el pilar, el muro de carga que con su sacrificio y su oración mantienen a la Iglesia viva, como aquel grupo de diez leprosos que estaba al borde de un camino y oyeron un tropel de gente que pasaba cerca hablando muy fuerte. Preguntaron: "¿quién va? ¿Qué sucede?". Y les contestaron: "es Jesús Nazareno, el que va predicando y curando a los enfermos". Al oír esto los leprosos empezaron a gritar:

-¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!

Y les mandaban callar para que no le molestasen, pero ellos gritaban más fuerte:

-¡Hijo de David, ten compasión de mí!

Tanto gritaron que Jesús se paró ante ellos y les preguntó que qué querían. A lo que respondieron que les sanara. Entonces Jesús los bendijo y en ese momento sus carnes recobraron la salud, y les dijo:

-Id al jefe de la Sinagoga para que vea que estáis curados y os dé el certificado.

Pero al verse curado, uno de los diez se volvió y postrándose de rodillas en el suelo daba gracias a Jesús y le alababa. Entonces le preguntó Jesús:

-¿Dónde están los demás?

Y el leproso calló. Y Jesús lo volvió a bendecir y le dijo:

-Vete en paz, tu fe te ha salvado.


Amigos, seamos agradecidos por todos los bienes y favores que recibimos diariamente de Dios, y demos las gracias a tantas personas, médicos, personal sanitario y otras personas anónimas que nos cuidan y nos atienden en tantos momentos difíciles y nos traen un rayo de luz a nuestras vidas.

Amigos, recemos por todos los enfermos del mundo, del alma y del cuerpo, y pongamos nuestra oración a los pies de la Santísima Virgen de Lourdes como madre misericordiosa y abogada de los enfermos.

Con todo mi cariño, Lali Maíz.

jueves, 6 de febrero de 2014

Pregón a la Virgen del Carmen de la parroquia Nuestra Señora del Carmen de las Chapas

   

    Queridos amigos:

           Os pensaréis que cómo se me ocurre en febrero hacer un pregón a la Virgen del Carmen cuando su fiesta es el 16 de julio. Pero he sentido la necesidad de pedir amparo a la Virgen del Carmen para que nos proteja y aplaque las aguas de nuestros mares.

           Nunca en mi vida he visto rugir al mar con tanta fuerza como en estos días. Es algo terrorífico y escalofriante sentir el ruido ensordecedor que hacen las olas al llegar a la costa. El viento huracanado formado por tormentas y lluvias torrenciales hace temblar nuestras ventanas y puertas y se cuela por las rendijas de nuestras casas con un espantoso silbido que nos atenaza.

           Si estamos en un lugar seguro y contemplamos el espectáculo de la tempestad, es algo difícil de describir. Ver las olas cabalgando desbocadas sobre la espuma blanca y romper en la orilla devorando todo lo que se encuentra a su paso…

           ¡Virgen del Carmen, a ti imploro pidiendo ayuda! ¡Estrella de la mañana, madre de la misericordia, contén esta furia, tú que eres la patrona del mar!

           Os voy a hablar de mi Virgen del Carmen de la Parroquia de las chapas, pero antes de explicaros algunas cosas os voy a decir qué es las Chapas. Los que tenemos ya muchos años la recordamos de distinta manera a lo que es hoy. Las Chapas debe su nombre a la cantidad de chaparros que había en esta zona, y es un término de la ciudad de Marbella que está en la parte este. Era una zona agrícola y ganadera. La formaban unos cuantos cortijos inmensos donde se trabajaba, se reía y se vivía. El campo estaba lleno de alcornoques, de chaparros, de encinas y de olivares. Y en él se realizaban toda clase de trabajos ganaderos y agrícolas. Había un grupo pequeño de personas que vivía fuera de los cortijos, y una estrecha carretera dividía las chapas de la parte norte, del campo, a la parte sur, al mar. Una gran masa forestal de pinos la cubría con su sombra y la perfumaba con el olor de sus piñas. Y cerca de la playa toda ella estaba llena de dunas de arena que hacían a veces grandes montañas que impedían ver el agua hasta que uno ya estaba cerca.

           Pero todo esto con el turismo y con los años casi ha desaparecido. Ahora las Chapas es un término que se ha poblado de urbanizaciones y de casas y se ha hecho un pueblo con toda clase de servicios, incluidos centros comerciales y un hospital. ¿Y qué ha pasado con todo esto, que es a donde quiero llegar? Que los que aquí vivimos necesitábamos una iglesia. Un sitio donde reunirnos para rezar y para hacer convivencia entre los vecinos. Al principio, en un local provisional, pusieron una imagen de la Virgen del Carmen y un sacerdote decía misa los domingos. Pero por fin ahora ya tenemos nuestra iglesia. Es pequeña, sencilla, pero hermosa. Es nuestra casa. Le tengo un especial cariño porque ahí se han casado dos de mis hijas y se han bautizado tres de mis nietos. Y todos los domingos y fiestas acudimos con alegría a la iglesia para rezar y encontrarnos con Dios y la Virgen. Y como no podía ser de otra manera, le pusieron por nombre "Parroquia de Nuestra Señora del Carmen". Y allí está nuestra Virgen montada en la proa de un barco que le han construido, vigilándonos y amparándonos.

           Es preciosa. Tiene unas facciones tan tiernas y tan dulces que sólo de mirarlas te consuela. Cuando entras en la iglesia y la miras, parece que ella te está buscando con la mirada para ver si falta alguno. Y cuando no nos ve se preocupa pensando qué nos ha sucedido. Pero luego llega la temporada alta del verano y la iglesia se llena de personas forasteras, veraneantes que vienen a descansar y a disfrutar de su ocio. Y entonces la Virgen los mira y le dice a su hijo: "hoy tenemos nuevos visitantes, vamos a fijarnos en ellos y a bendecirlos para que tengan suerte en sus vacaciones y vuelvan a vernos".

           ¡Oh, Virgen del Carmen, Reina del Cielo y de los mares! Si no fuera por ti, cuantas desgracias ocurrirían.

           ¿Pero sabéis lo que hace ella? Cuando las playas están llenas y en sus aguas surcan muchos barcos, mira a su hijito y le dice: "hijo, ha llegado el momento en que tenemos que trabajar más". Y sin que nadie se dé cuenta, se baja del altar, extiende su manto sobre las aguas y con Jesús apretado a su corazón en una mano y su Santo Escapulario en la otra empieza a navegar. Y surca todas las aguas, y se fija cuando alguien está en peligro y le echa el escapulario para que se agarre a él y se salve.

           Muchas veces hemos oído contar a las personas que han tenido un problema en el agua decir: "me estaba casi ahogando, pero de pronto sentí una fuerza y pude llegar a la orilla". ¡Esa eras tú, María!

           Pero también nos dice que seamos prudentes, y así pasan las horas hasta que las estrellas empiezan a brillar en el firmamento haciéndole una corona a la Virgen, y la luna refleja en el agua el camino que la lleva de nuevo a su altar. Entonces María le dice a Jesús: "hijo, hemos concluido la jornada. Por hoy hemos terminado. Vámonos a descansar, que mañana tenemos que volver".

           Amigos, recemos a la Virgen del Carmen. Pidamos por los demás y digámosle toda clase de piropos: Madre de la Salvación, Madre de la Alegría, Estrella de la Mañana… Y digámosle como en esta coplilla: "mírame, dulce madre, mírame siempre, y verás que llevo tu escapulario hasta la muerte".

           Hasta la próxima vez. Con todo mi cariño, Lali Maíz. 

martes, 28 de enero de 2014

Jesús escoge sus Apóstoles



Queridos amigos:

Con el nacimiento de Jesús, el Mesías prometido desde los tiempos antiguos, comienza una nueva era. Atrás queda el Antiguo Testamento y empieza el Nuevo. Desde este tiempo los años se cuentan antes de Cristo y después de Cristo.

Jesús ya ha sido bautizado. Y con su bautismo se termina el ciclo de Navidad. Ahora la Iglesia abre un paréntesis hasta que comience la cuaresma, y durante este período estamos en el tiempo ordinario.

Han transcurrido los años y aquel niño que nació en Belén ya ha crecido. Ha sido formado en el seno de la Sagrada Familia. En ella ha recibido una formación, le han enseñado un oficio, el de carpintero, y durante muchos años Jesús ha estado ayudando a su padre en la carpintería. Pero lo más importante es su formación espiritual, y en el Templo y en la Sinagoga le han enseñado la Ley de Moisés y todos los escritos y profecías de los profetas.

Ya tiene treinta años. Jesús va a comenzar su vida pública. Ya está preparado para cumplir la misión para la cual vino al mundo, que era enseñarnos su doctrina para que fuésemos redimidos. Pero Jesús no quería realizar esta tarea solo. Quería formar un grupo que fuera con él durante todo el tiempo que viviese entre ellos para que fuesen testigos de todo lo que él hizo y dijo y así nos lo pudieran enseñar a todos los demás. Y no fue a escogerlos a la Sinagoga ni entre los escribas y fariseos, ni entre los hombres más principales de las ciudades, sino por el contrario los buscó por las aldeas, a las afueras de las ciudades y a orillas del lago de Getsemaní. Y encontró lo que quería: hombres recios y fuertes acostumbrados al trabajo duro pero con un corazón limpio. Y así comenzó a andar, y al primero que eligió fue a Pedro y a su hermano Andrés. Y mirándoles a los ojos les hizo la llamada: “venid conmigo, que yo os haré pescadores de hombres”. Y dejaron las redes, abandonaron las barcas y le siguieron.

Después vio a los hermanos Zebedeo, Santiago y Juan, y les hizo la misma llamada, y le siguieron. Y así fue eligiendo uno a uno al resto de apóstoles.

¿Os imagináis qué mirada les echaría Jesús para que dejaran todo, su trabajo, sus vidas y se fueran tras él? Nosotros también en alguno o en muchos momentos de nuestras vidas hemos sentido la llamada de Jesús, pero ¿cómo hemos reaccionado? ¿Hemos sido capaces de poner un cartel en nuestra alma que ponga “prohibido molestar”? ¿O hemos reaccionado con generosidad? Si hemos contestado afirmativamente nos sentiremos útiles, y con humildad le habremos dicho: “Señor, ayúdame para poder entregarme a ti, para ser generosa, para que sea mi persona como arcilla blanda que tú moldees entre tus manos”.

Ahora se me ha venido a la memoria una parábola que Jesús contó a los Apóstoles referente a sentir la llamada de Dios. Decía lo siguiente:

Había un amo con una gran viña. Tan grande que necesitaba braceros para que la trabajasen. Muy temprano al alba se dirigía a la plaza del pueblo, allí escogía un grupo y los contrataba por un denario. Pero era tanto el trabajo que el amo al mediodía, cuando el sol más aprieta y hace más calor, volvió a la plaza y contrató a otro grupo y les dijo lo mismo: que les pagaría al final del día un denario. Y ellos, contentos, se fueron con él.

Ya al caer la tarde, cuando el sol casi se ocultaba, volvió a la plaza y se encontró a un pequeño grupo y les dijo: “¿es que nadie os ha contratdo? Venid conmigo que yo os daré un denario”. Y terminó el día y el amo empezó a pagarles a todos. Empezó por los de la tarde y les dio un denario. Luego a los del mediodía y también les dio un denario. Y cuando llegó al primer grupo, los braceros que pertenecían a él pensaron que recibirían más de un denario, pero el amo les dijo que ellos habían sido contratados por un denario y un denario fue lo que recibieron, igual que los demás.

¿Qué significa esta parábola? Lo que significa es que cada uno de nosotros sentimos la llamada de Jesús en distintas edades de nuestras vidas, unos más jóvenes, otros en la edad madura y los últimos en la ancianidad. Pero el premio, el denario, es el Reino de los Cielos, que para todos es el mismo.

¡Qué difícil es seguir a Cristo! Pues estamos rodeados de tentaciones y de pecados. Algunos horribles y monstruosos, y otro grupo de pecados que parecen menores pero que son como la carcoma, que al igual que esta destruye las casas, estos pecados destruyen nuestra alma, como por ejemplo los pecados de omisión. Estos son todos aquellos en los que tenemos la oportunidad de hacer cosas buenas pero no lo hacemos. O la hipocresía. Jesús decía de los hipócritas que eran como sepulcros blanqueados: los hipócritas tratan de engañar a todo el mundo, pero al final a quien se engañan es a ellos mismos. O los que pecan de soberbia y orgullo, que se creen superiores a los demás y no piensan que a esos a los que desprecian son los mismos que les ayudan a hacerles la vida más fácil. ¿Qué sería el mundo sin esta legión de personas? Ellos con su sudor riegan la tierra, con el trabajo de sus manos la labran y con su inteligencia y su corazón la abonan.

Os voy a contar una historia que contó Jesús a sus discípulos. Había dos hombres, uno fariseo y otro publicano, que entraron en el Templo a rezar. El fariseo, hombre importante, puesto de pie ante el altar, rezaba de esta manera: “gracias, Dios mío, porque soy bueno. Porque no robo, ni mato, cumplo las leyes, pago mis impuestos y no soy como ese publicano”. Y el publicano, de rodillas al final del Templo y sin levantar los ojos del suelo, rezaba así: “perdóname, Señor, porque he pecado”, y lo repetía una y otra vez, y al final decía: “ayúdame y dame fuerzas para no volver a pecar”.

Entonces les dijo Jesús a los apóstoles: ¿cuál de los dos creéis que salió perdonado del Templo? Los discípulos contestaron que el publicano. Y entonces Jesús les dijo: “todo el que se humilla será ensalzado y perdonado, y el que se ensalza será humillado”.

Amigos, meditemos todas estas cosas y no dejemos escapar las llamadas que Jesús nos hace, y con humildad echémonos en sus brazos y digámosle con cariño: “Padre, ayúdanos y perdónanos”. No dejéis de rezar por todos los que lo necesitan y pidámoslo por intercesión de la Santísima Virgen María. Hasta la próxima vez, si Dios quiere. Con todo mi cariño, Lali Maíz.

martes, 7 de enero de 2014

Feliz 2014, fiesta de la Epifanía del Señor y los catequistas nativos.


Queridos amigos,

gracias a Dios, el pasado día 31 mientras nos comíamos las 12 uvas de la suerte con las campanadas del reloj de la Puerta del Sol de Madrid celebramos la llegada del 2014. Todo eran risas y alegrías, besos y abrazos, y todos deseándonos los unos a los otros felicidad y parabienes. Atrás quedaba el 2013 y con un examen de conciencia habíamos reconocido todas las cosas en que habíamos fallado. Entonces hicimos un propósito de tratar de mejorar toda nuestra vida.

Este año que ha comenzado me lo imagino como un libro con 365 páginas que están en blanco, y nosotros durante el curso del año cada día tenemos que escribir en ellas poniendo nuestros triunfos y alegrías, y también nuestros fracasos. Tenemos que darnos cuenta de no cometer los mismos errores que cometimos el año anterior, ya sea pecar de orgullo, vanidad, omisión, o de cualquier otra forma. También me figuro este año que comienza como un niño recién nacido, tierno y hermoso, que durante estos 365 días tiene que crecer y hacerse un hombre y madurar, para que cuando ya llegue el 31 de diciembre a anciano y moribundo pueda ver en la balanza de su vida que son muchas más las cosas buenas que hemos hecho que aquellas en las que nos hemos equivocado.


Epifanía del Señor

Esta es una de las fiestas de más ilusión y alegría que seguimos celebrando a través de los siglos, recordando que el Hijo de Dios se hizo hombre y nació en Belén, y tres Reyes Magos, que no sabemos de qué países eran, vieron brillar una estrella en el cielo y se pusieron en camino sin temor a los sacrificios y dificultades con ese afán de seguir su rastro y ver a dónde les llevaba. ¡Y llegaron a Belén! La estrella se posó encima de un pesebre y cayendo de rodillas los Reyes adoraron al niño llevándole tres regalos: oro como Rey, incienso como Dios y mirra como Hombre. Con estos tres regalos querían anticipar lo que sería su vida.

No hay cosa más hermosa que ver a los niños la víspera de Reyes mirando las cabalgatas. ¡Qué griterío en la calle! ¡Cuántas risas y voces todos gritándoles pidiéndoles regalos! Y los Reyes echándoles caramelos. Noche mágica donde las haya. Todos están nerviosos, cenan rápido para acostarse pronto y se tapan la cabeza con las sábanas para que les entre pronto el sueño, pues les dicen sus padres que si no están dormidos, los Reyes pasarán de largo.

Os voy a contar una cosa personal que me sucedió hace muchos años. Había sido un año malo y teníamos muy poco dinero, solamente habían nacido mis dos primeras hijas, y llegó la noche de Reyes. Mis hijas pidieron muñecas, cochecitos... pero no teníamos dinero para poner esas cosas y tan sólo pusimos unos cuentecitos, unos recortables y unos lápices de colores. Nunca olvidaré la cara de tristeza de mis hijas cuando por la mañana vieron que no había ningún juguete. Pero sonó el teléfono y eran las voces de mis padres, y mi madre dijo que se pusieran las niñas al teléfono, que les quería decir una cosa, y era que vinieran corriendo a su casa, que los Reyes se habían equivocado de sitio y allí les habían dejado muchísimos juguetes. ¡Ay, amigos! ¡Qué abrazo les di a mis padres! Nosotros no habíamos querido decir nada por no preocuparlos, pero ellos se lo imaginaban. Al ver las caras de mis hijas contemplando los juguetes, cómo les brillaban los ojos y las sonrisas tan expresivas en sus caritas, sentí la felicidad más grande del mundo. En ese momento comprendí que ningún niño se debe quedar el día de Reyes sin un regalo.


 Los catequistas nativos

Este segundo domingo después de Navidad la Iglesia celebra la fiesta de los catequistas nativos. Ellos son las personas que ayudan a los misioneros en todos los pueblos y aldeas para hacer más fácil su labor. Estos catequistas nativos me recuerdan a la misión que hizo San Juan Bautista de preparar el camino para cuando Jesús empezara su predicación y su vida pública. Ellos son el puente que une a los nativos con los misioneros, conocen su lengua, sus costumbres, los conocen a todos y hacen que no desconfíen de los sacerdotes. Son estrellas que brillan con luz propia, como brilló la estrella de los Reyes Magos. Y estas luces en tantos pueblos, aldeas y ciudades hacen que cada vez el mundo sea más habitable.

Amigos, recemos como dice el Papa Francisco por la paz en el mundo y hagamos que todos nosotros seamos capaces de construir la paz, pues la paz hay que trabajarla. Y que se note que a nuestro alrededor no haya rencillas ni malos modos ni daño a ninguno. Que de una vez por todas seamos capaces de ver a Jesús en todos los que nos rodean, reírnos y disfrutar con los que están alegres y felices, y consolar y acompañar a los que están tristes.

Y ahora, para terminar, como siempre os digo, no dejemos de rezar. Pidamos con ganas que este año que ha comenzado sea un año que marque un hito en la historia. Que con nuestras buenas voluntades consigamos que sea un mundo mejor y que recemos mucho por todos los que piden una oración.

Con todo mi cariño, Lali Maíz.

domingo, 22 de diciembre de 2013

Petición de oración.


Queridos amigos, os pido por favor que receis por dos personas que están pasando momentos difíciles de salud, que se llaman Piluchi y Esperanza.

Os doy las gracias con todo mi cariño Lali.

sábado, 21 de diciembre de 2013

Día de la alegría (Gaudete)


Queridos amigos internautas,

hoy he sentido la necesidad de escribiros para haceros partícipes del día de la alegría, llamado en la Iglesia día Gaudete. El tercer domingo de adviento la Iglesia, en medio de la preparación que todos estamos haciendo para la navidad esforzándonos con sacrificios y oraciones, nos pone este día de alegría para que sea como un anticipo de la alegría que sentiremos el 25 de diciembre con la natividad del Señor.

Aunque muchas personas se sientan con dolor, tristeza y sufrimiento todos tenemos motivos para sentir alegría. Cada uno de nosotros la encontrará con motivos diferentes, pero yo os voy a proponer unos cuantos motivos que a todos nos servirán. Sentiremos la alegría de estar vivos, la alegría de sentirnos hijos de Dios, la alegría de recibir la gracia con el bautismo, la alegría de ser cristianos, la alegría de sentir la fe y practicarla, la alegría de ayudar a los demás, la alegría de tener nuestra familia... En fin, podríamos estar escribiendo miles de motivos, porque Dios no quiere vernos tristes y con las caras largas, sino por el contrario quiere vernos como gente entregada a hacer el bien y ayudar a los demás y a extender el reino de Dios en nuestras conversaciones y actos y siempre con alegría.

Otro tema de este domingo tercero de adviento es la figura de San Juan Bautista. Él era el profeta más grande que ha habido en la Iglesia. Fue escogido por Dios para ser su precursor, para preparar el camino a la llegada de Jesús. Juan era primo lejano de Jesús, era el hijo de Santa Isabel, que ya anciana lo engendró. Isabel era prima de la Santísima Virgen María, la cual ya encinta de Jesús fue a visitarla a la aldea donde vivía, que se encontraba en la montaña, al enterarse de que esta estaba embarazada, y se quedó con ella para ayudarla en el parto.

San Juan cuando ya era un hombre, al igual que Jesús, vivía austeramente. Se cubría el cuerpo con pieles y se alimentaba de saltamontes y de moras. Vivía en el desierto y allí empezó a predicar y a anunciar que el mesías estaba cerca. El Rey Herodes fue amonestado por él por adúltero, y tanto y tanto insistió que al final lo llevaron preso y acabaron cortándole la cabeza. Pero antes de morir mandó a uno de sus discípulos a que le preguntara a Jesús si Él era el Mesías esperado, a lo que contestó Jesús: “decidle a Juan lo que veis: los muertos resucitan, los ciegos ven, los sordos oyen, los paralíticos andan, los enfermos sanan y los demonios salen de los cuerpos de las poseídos”. Cuando le llevaron a San Juan esta contestación comprendió que Jesús era el Mesías esperado.

Amigos, seamos como Juan y sintámonos enviados por Dios para llevar la alegría, el consuelo y la paz a todos los que nos rodean, y especialmente en estas fiestas de navidad.

¡FELIZ NAVIDAD!

PD: No dejéis de rezar por todos los que nos solicitan una oración, a ver si entre todos conseguimos hacer que este nuevo año que pronto comenzará sea mejor.

Con todo mi cariño, Lali Maíz.

martes, 10 de diciembre de 2013

Adviento.



María Reina del Adviento

Bendita sea la excelsa madre de Dios María Santísima,
bendito sea el dulce nombre de María,
bendita sea María virgen y madre,
bendita sea su Santa e Inmaculada Concepción,
bendita sea su asunción a los cielos,
y bendita sea María Reina del universo y mediadora de todas las gracias;
madre de la misericordia, refugio de los pecadores, consoladora de los afligidos,
auxilio de los cristianos, madre del perpetuo socorro...

Así podría estar horas y horas cantándole alabanzas a la virgen, y he pensado que la página de hoy se la dedico a María para que meditemos un poco sobre su figura.


Queridos amigos,

el pasado día 1 de diciembre, con el adviento, comenzó el nuevo año litúrgico, y en medio de estas cuatro semanas que lo constituyen la Iglesia nos da este tiempo para prepararnos para la navidad, y en él emerge la figura de la virgen María como Reina Inmaculada, María llena de gracia y Arca de la nueva alianza.

Pero empecemos por el principio para resaltar la figura de la Virgen María. Cuando leemos el libro del génesis de la Sagrada Biblia vemos que Dios creó a Adán y a Eva tan perfectos que eran hermosos por fuera y por dentro, y los colocó en el paraíso terrenal, un lugar privilegiado donde podían ser felices, pero para ver el agradecimiento de nuestros primeros padres Dios les puso una condición: que no comiesen el fruto del árbol que estaba en el centro del paraíso, al cual llamó el fruto del bien y del mal.

El demonio, en forma de serpiente, tentó a Eva para que comiese la fruta prohibida. Ella la comió y le dio a Adán, y en ese mismo instante se le apareció Dios, maldijo a la serpiente y a ellos los desterró del paraíso anunciándoles que padecerían toda clase de dolores y sinsabores, y que ya no tendrían los privilegios de que antes gozaban.

Pero Dios, en su infinita misericordia, se compadeció de ellos y en ese mismo momento les anunció que si por una mujer había entrado el pecado en el mundo, por otra mujer entraría la gracia y la salvación, y entonces les prometió la venida del Mesías.

Habían transcurrido miles de años y llegó el momento que Dios había escogido para la llegada del Mesías. Entonces creó a María, la libró del pecado original para que fuese inmaculada y le hizo un alma tan limpia y tan brillante como la luz del día y tan transparente como las aguas cristalinas de un riachuelo. La adornó de toda clase de dones y virtudes y la hizo hermosa por fuera y por dentro.

Cuando ya María era una jovencita se le apareció el Arcángel San Gabriel y la saludó diciéndole “Dios te salve María, llena eres de gracia, el Señor está contigo...”. María se sorprendió y se asustó un poco, pero el arcángel le dijo lo que se esperaba de ella, a lo que María respondió: “he aquí la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra”. Y en ese instante el Espíritu Santo la cubrió y María se quedó encinta.

Amigas de la página, ¿os imagináis a María embarazada? ¿No os recuerda cuando vosotras estabais gestando a vuestros hijos? ¿Cuando pasabais la mano sobre vuestro vientre queriendo acariciar al hijo que llevabais en vuestras entrañas? Pues así haría María. En silencio meditaría y se preguntaría por qué ella había sido elegida para ser la madre de Dios si ella se sentía tan humilde y pequeña. Pocas veces en el evangelio sale la figura de María, pero no por ello ella vivía al margen de su hijo. Siempre en todos los momentos importantes de la vida de Jesús estaba ella. Teniéndolo en sus brazos mientras lo amamantaba o corriendo detrás de él cuando era pequeño para que no se cayese, después de mayor admirando la sabiduría de sus palabras, y luego sufriendo cuando llegó la hora de su muerte.

Amigos, no desaprovechemos este tiempo que Dios nos ha dado para prepararnos para la natividad de Jesús. Pongamos en paz nuestra alma, recibamos el sacramento de la penitencia y hagamos el firme propósito de no ofender jamás a Dios. Y luego, cuando nuestra casa ya esté limpia, adornémosla con sacrificios y oraciones para que cuando llegue la noche de nochebuena el niño Jesús se encuentre feliz en nuestra hogar.

Pero no todas las personas están alegres y felices en este tiempo de navidad. Muchos son los problemas que les acontecen, o enfermedades, o simplemente se sienten solos y abandonados. Pero casi siempre ocurre un milagro y hay alguna persona que se acerca a ellos, les da un beso, un abrazo o una palabra cariñosa, y en ese momento renace la esperanza en el que recibe esta muestra de cariño, y nos damos cuenta que la mayoría de las cosas que tenemos no nos son necesarias, que lo único importante es que sintamos el cariño y el amor de los que nos rodean. No nos dejemos vencer por la tristeza y sepamos darle gracias a Dios por tantas cosas buenas que nos da al cabo del día.

Otro grupo de personas siente la navidad con nostalgia, sobre todo las personas mayores que como yo han cumplido muchos años (yo el pasado día 2 cumplí 75 años), y entonces sentimos la falta de los seres queridos que nos han precedido, especialmente nuestros padres y nuestros hermanos. Pero de todos ellos la figura que yo recuerdo con más cariño en este tiempo anterior a la Navidad es la de mi madre. Ella era una entusiasta de la Navidad. Cuando ya faltaban pocas semanas para la nochebuena siempre decía: “¡zafarrancho de combate!”. Y eso quería decir que aunque la casa estuviera limpia, había que limpiarla a fondo: había que pintar las paredes, limpiar los cristales, sacarle brillo a los muebles... En una palabra: que todo brillase y resplandeciese. Esto era costumbre en el pueblo en que vivíamos, y en todas las casas se hacía lo mismo.

La segunda fase era hacer los dulces de navidad, pues entonces no se compraban hechos como ahora. Y entonces veo en mi cabeza la imagen de mi madre en la cocina rodeada de las personas que la ayudaban y en un lebrillo haciendo la masa para los dulces. Hacían roscos, mantecados y polvorones pero en grandes cantidades, pues a todo el que llegaba a la casa, que eran muchísimos, se le ofrecía un platito de dulces con una copita de licor. Cuando estaban en plena faena aparecía mi padre con su bata blanca que hacía un pequeño descanso de ver enfermos en su despacho y se acercaba a la cocina para ver cómo trabajaban las mujeres y decía: “¿cuándo se van a poder probar estos dulces?” Todas le contestaban con bromas y risas pero con mucho respeto, y mi madre le decía: “Antonio, estate tranquilo que el primer platito será para ti”. Y así desde después del almuerzo dedicaban toda la tarde y parte de la noche hasta terminar de hacer los dulces.

Ya estaba la casa limpia y los dulces hechos, pero faltaba la tercera cosa, que era poner el belén. Lo ponían sobre una consola que tengo en mi casa, porque me la regaló mi madre, y en ella tengo yo un altarcito con mis santos y vírgenes, y ahí enciendo todos los días una velita o una mariposa.

El día anterior a poner el Belén había que ir a la playa a coger arena y piedrecitas, y al río Barbacana para coger de sus orillas las placas de musgo. Y cuando ya tenía todos los elementos necesarios para poner el Belén, con sus manos diestras y hábiles mi madre empezaba a hacer las montañas con papel y escayola, a colocar los corchos, a poner los espejos para el río y poco a poco ante nuestros ojos mientras estábamos alrededor de su falda colocaba en lo alto del Belén el castillo del Rey Herodes con sus soldados en la puerta.

Por otro lado colocaba el pueblo de Belén, con sus casitas de distinto tamaño: la posada, el pozo, las lavanderas en el río lavando, y en el centro de la consola ponían el Portal de Belén. Los pastores cuando ya estaba colocada la tierra los iba poniendo con los animales camino del portal para adorar al niño, y los tres reyes magos atravesando el puente. ¡Ay, amigos, qué recuerdos tan entrañables! Entonces mi madre nos decía: “haced los copitos de nieve con algodón, pero muy pequeñitos. El que los haga más pequeñitos es el que los coloca en el Belén. Y poned las piedrecitas en el borde del nacimiento para que no caiga la arena al suelo”.

Ya estaba todo preparado. Entonces colocaba el Sagrado Misterio: la Virgen, San José y el niño Jesús, y la mula y el buey calentando al niño en su cunita. Ya estaba todo completo. Pero entonces ella decía: “¡falta una cosa, a ver si la averiguais!”. Y entonces decíamos: “¡la estrella!” Y del fondo de la caja sacaba una gran estrella plateada y la ponía encima del portal y nos decía: “mirad, nunca deis la espalda a la estrella, pues si la seguís como la siguieron los tres reyes magos ella siempre os conducirá a Jesús”.

Este amor por la navidad y por el Belén nos lo transmitió con tanta fe que nosotros hemos hecho lo mismo con nuestros hijos y siento la gran alegría de ver que ellos hacen las mismas cosas con los suyos. Amigos, no sé si antes de Navidad volveré a escribiros, pero por si no fuera así os deseo que tengáis una feliz navidad llena de amor, de paz y de concordia con todos los miembros de vuestra familia, y si sabéis de alguien que se siente solo, sed generosos y llevadle vuestro amor.

¡Feliz Navidad!

Con todo mi cariño os lo deseo, y nunca olvidéis que María Santísima es la Reina del Adviento y de la Navidad.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Cristo Rey y el voluntariado.



Hoy día 24 de noviembre es un día grande en la Iglesia Católica. Es la fiesta de Cristo Rey, la clausura del año de la fe y el final del año litúrgico.

Queridos amigos, ¿nos hemos parado a pensar qué significa para nosotros Cristo Rey? ¿Es de verdad el Rey de nuestras vidas? ¿Anteponemos todas nuestras cosas a la voluntad de Cristo Rey? Cada uno de nosotros daremos una respuesta diferente, pero lo que tenemos que procurar es entronizar a Cristo Rey en nuestras vidas, y como a tal Rey ponernos a sus pies y pedirle toda clase de favores y nosotros ofrecerle toda nuestra vida. Si Cristo Rey reina en nuestra casa todo marchará de una manera sencilla y maravillosa.

Con el final del año de la fe nos damos cuenta de la cantidad de frutos espirituales que se están recogiendo y los que poco a poco irán llegando. ¡Qué idea más maravillosa tuvo Benedicto XVI al proclamar el año de la fe! ¡Cuántas oraciones hemos rezado todos los cristianos para que se extendiese la fe por todo el mundo y para que las personas que dudan reciban la gracia y el don de la fe!

Y ya por último hoy termina el año litúrgico, y el próximo domingo, si Dios quiere, comienza el adviento. Pero del adviento ya hablaremos otro día. Hoy nos centramos en la festividad tan grande que hemos celebrado.


Tenía muchas ganas de un día hacer un gran homenaje a tantas y tantas personas que forman el voluntariado en todo el mundo.

¿Qué es un voluntario? ¿A qué se dedica, qué es lo que hace? Un voluntario es una buenísima persona que siente en su corazón unas ansias locas de ayudar a los demás en las situaciones que sean sin esperar nada a cambio, sin interés crematístico ninguno ni afán de lucro. Los voluntarios hacen su vida cotidiana igual que todo el mundo, pero tienen una diferencia: que en el momento que sienten la llamada de una desgracia o que necesita alguien de su ayuda, allí se presentan. Son muchas las desgracias que vemos a lo largo de nuestras vidas, bien sean terremotos, maremotos, tifones, huracanes, incendios, inundaciones… Pero todas estas cosas el hombre no las puede controlar, y cuando por desgracia suceden, ahí están ellos. Son los primeros que llegan a todas partes con sus manos y sus brazos extendidos para ayudar, socorrer y salvar a cuantas más personas mejor. Sin embargo, hay otras clases de desgracias, como accidentes, descarrilamientos de trenes o hundimientos de barcos, en las que muchas veces hay intervención del hombre por negligencia, falta de atención o cualquier otra causa. Aquí en España hemos tenido por desgracia no hace mucho el descarrilamiento de un tren en Galicia y tuvimos la explosión de cuatro trenes en la estación de Atocha por la mano criminal de unos desalmados que pusieron bombas, y murieron tantísimos inocentes… allí se produjo el milagro. Los voluntarios aparecieron por todas partes trayendo mantas, almohadas y sacando a tantos heridos de los vagones del tren como pudieron. Ellos supieron llevar el consuelo y el socorro a tantas personas heridas.

Otro caso que aquí tuvimos también de ejemplo de voluntariado fue cuando se hundió un barco llamado Prestige en las costas de galicia y derramó todo el combustible, pues era un carguero en malas condiciones, y llegó a las costas en forma de chapapote, la mezcla de la arena con el agua y el combustible. Y allí acudieron de toda España gentes de todas las edades para ayudar con sus manos a limpiar las costas gallegas. ¡Cuánta generosidad! Y así podría estar contando miles de casos, pero con esto pienso que es suficiente.

Hay sin embargo otra labor silenciosa y callada, que no tiene tanto bombo y de la que se enteran menos personas, que realizan a diario los voluntarios, y es cuando van a las casas a cuidar de los enfermos, asearlos y limpiarles su vivienda o acompañarles al médico o hacer sus gestiones. Si no fuera por los voluntarios, el mundo se pararía. ¡Cuántos de ellos dan su sangre cada x tiempo y se hacen donantes para que en los hospitales y en los quirófanos nunca falte el líquido de la vida! Tal vez pensaréis: "ya no necesitamos más voluntarios". Pues por desgracia, aunque son millones, necesitamos más, porque mientras haya una persona que necesite nuestro consuelo y nuestra ayuda, todas las manos son pocas.

Os voy contar una historia que me contó un sacerdote de unos voluntarios que como muchos médicos y personas cualificadas, regalan su tiempo de vacaciones y se van a operar y ayudar en los países más remotos. La historia que os voy a contar es la historia de un grupo de estudiantes que al terminar su curso en junio, por mediación de la parroquia, se fue a pasar el verano a un pueblo remoto del norte del Congo. Llegaron con todas sus ilusiones al pensar que iban a estar tres meses ayudando en lo que les mandasen, pero cuando llegaron el primer día a su destino, vieron una especie de barracón lleno de niños pequeños todos enfermos, todos llorando y acostados en tumbonas. Uno de ellos, al ver ese espectáculo se quedó paralizado, y entonces se le acercó una monja de la madre Teresa y le dijo: "oye, ¿tú a qué has venido aquí, a ayudar o a mirar?", el muchacho reaccionó y contestó: "a ayudar". Y la monja le dijo: "mira, ¿ves aquel niño que llora tan desconsoladamente? Ve hacia él, cógelo y dale todo el amor que puedas", y así lo hizo el chico. Se acercó al niño, lo cogió en sus brazos, le besaba, lo acariciaba, le decía palabras de consuelo al oído, y muy despacito le cantaba canciones infantiles. El niño dejó de llorar, le miró y le sonrió y se quedó dormido. La monja, al ver que se había callado el niño se acercó y le dijo: "ayer lo bautizamos, has conseguido con tu cariño que ya esté en el reino de los cielos", pues el niño había fallecido en aquel instante. Este joven se volcó de tal manera con la ayuda de aquellos pequeños que hizo que el reino de Dios estuviera entre ellos.

Grandes han sido las acciones de los voluntarios a través de los tiempos, yo conozco también la hija de una amiga que cuando terminó su carrera se marchó un año a Colombia para enseñar y dar clase a los niños.

Pero para mí una de las acciones más generosas de un voluntario fue la vida del santo padre Damián. Él se enteró que en la isla de Molokai llevaban a todos los enfermos de lepra y los dejaban allí abandonados a su suerte para que se murieran y no contagiaran a nadie, pues en el S XIX todavía la lepra no tenía cura. Hoy, gracias a Dios, sí, se curan muchos. Y así hizo, se marchó a vivir con ellos. Fue tan dura la labor que realizó hasta ganarse la confianza de tantos enfermos… pero él no desfallecía, les ayudaba, les curaba sus heridas y hacía todo lo posible por aliviarlos.

La prensa de aquella época empezó a hablar del padre Damián, y entonces consiguió que una vez al mes se acercara un barco y les trajera alimentos y medicinas. El padre se acercaba al barco con una barquita, pues nadie se atrevía a bajar a la isla. Y así poco a poco fue mejorando la situación de aquellos leprosos. Todos animaban al padre Damián a que se marchase ya de la isla, pero él nunca abandonó. Hasta que un día fue contagiado de lepra y murió en la isla. El padre Damián supo curar las heridas de los leprosos, pero lo más difícil todavía: les curó el alma. Alcanzaron la paz y la resignación y el reino de Cristo se extendió en aquella isla maldita.

Amigos, demos las gracias a tantos voluntarios que tenemos a nuestro alrededor y recemos por ellos para que tengan fuerza de realizar las misiones que se esperan de ellos. Con todo mi cariño, Lali Maíz.

viernes, 8 de noviembre de 2013

Hablemos de Los Ángeles y de las misiones con sus misioneros.



Después de que Dios creó el mundo creó a los ángeles, a los arcángeles, a los serafines y a los querubines. Ellos son los espíritus más puros después de Dios y su misión es alabar, bendecir y dar gloria a Dios todopoderoso.

Después de ver Dios tantas maravillas que había creado, pensó que tenía que crear al hombre y hacerlo rey de la creación. Él nos creó a su imagen y semejanza, y entonces pensó que sería bueno poner a cada hombre, desde el mismo instante de su concepción hasta el final de sus días, un ángel guardián o ángel custudio para que le protegiera durante toda su vida. Y entonces llenó la Tierra de ángeles para que cada cual tuviéramos el nuestro y que cuando llegara el final de nuestras vidas recogiera nuestras almas y las presentara ante Dios todopoderoso para que fuéramos juzgados. Y allí, si son más las acciones buenas que las malas, pudiéramos disfrutar de la gloria celestial.

¿Cuántas veces hemos dicho: "¡qué suerte hemos tenido, nos hemos salvado de milagro!" o vemos claramente cómo solucionar un problema que nos agobiaba y para el que no encontrábamos solución? Ahí está la respuesta: en nuestro ángel de la guarda. Él nos aconseja y siempre que puede nos libra de los peligros. Amigos, recemos a nuestro ángel de la guarda para que siempre hagamos caso de los consejos que él nos pone en nuestra alma y siempre podamos seguirlos y hacer el bien.

Y ahora os voy a hablar de los misioneros y las misiones.

Hoy el tema que he creído oportuno para que reflexionemos es la labor que realizan los misioneros en las misiones. ¿Quiénes son los misioneros? Los misioneros son personas como nosotros, con sus virtudes y defectos, pero tienen un "algo" especial que los diferencia de nosotros. Y es que ellos han sentido la llamada de Cristo y con dudas o con rapidez han contestado afirmativamente y han dicho: "aquí estoy, Señor. Pongo mi vida en tus manos. Haz de mí lo que quieras, mándame a donde sea, que yo iré con alegría, con abnegación y con sacrificio a ayudar a mis semejantes en todo lo que necesiten y a llevar tu palabra y tu doctrina hasta el fin del mundo". Y después de prepararse su maleta, pequeña aunque llena de proyectos, se dirigen a la misión que les hayan encomendado, y allí se reúnen con otros compañeros o compañeras en lugares increíbles, difíciles, ya sean bosques, selvas, manglares, el altiplano o a orillas de grandes ríos. Y si van por primera vez a esa misión empiezan a construirla, una casa pequeñita con techos de uralita al principio si hace falta, pero luego poco a poco la van ampliando. Ellos se van ayudando de los que por allí viven, de las tribus, los indígenas… y no creáis que es fácil, pues tienen que vencer múltiples dificultades para que vean que ellos vienen en son de paz y para hacer el bien.

Poco a poco la misión va prosperando y colocan una campana. No hace falta que sea grande, pero sí que tenga un sonido bonito para que cada vez que suene los que por allí viven acudan a la misión. Siempre empiezan haciendo una pequeña escuela para los niños, para enseñarles y ampararles. Después ponen un pequeño dispensario para curar a enfermos y a todo el que lo necesite, y se van ganando con todas estas acciones la confianza de los que los rodean, aunque por desgracia hay veces que por fanatismo, incomprensión, miedo o las razones que sean los matan. Pero esa sangre no se pierde. Esa sangre que riega la tierra es la sangre de los mártires que han dado su vida por extender el reino de Dios.

Amigos, la vida está tan difícil, hay tanta soledad, tanta marginación y tanto desamparo que no sólamente hacen falta las misiones allende los mares, sino en nuestras grandes ciudades, donde se han formado unos anillos de pobreza, delincuencia, marginación y grandes suburbios llenos de favelas en los que es dificilísimo poder vivir honradamente. Por eso tenemos que rezar para pedir vocaciones para las misiones.

Ahora nos podemos preguntar nosotros: ¿podemos todos nosotros ser misioneros en algún momento de nuestras vidas? La respuesta es afirmativa, pues de nosotros depende ayudar a nuestro alrededor, bien sea de palabra o de acción, en lo que se necesite. Por eso es bueno ponerse en contacto con las parroquias, porque así ellos nos pueden indicar dónde nuestra ayuda es más necesaria. Pero hay un grupo de personas, entre las que yo me encuentro y muchos de vosotros también os encontraréis, que por motivos de salud, ancianidad o defecto físico (yo soy ciega) no podemos salir a la calle a prestar la ayuda que nos gustaría. Sin embargo en nuestras manos tenemos una fuerza enorme: es la oración.

Tantas horas que tiene el día y muchas veces no sabemos en qué emplearlas, dediquémonos en cuerpo y alma a rezar, a pedir vocaciones y a pedir para que se solucionen todos los problemas que muchos de vosotros escribís en el blog. Yo no hay un solo día que no rece por vosotros para que se os haga la vida más feliz y más llevadera. Los que somos ya mayores nos acordamos de cuando éramos niños y llegaba el día de las misiones y en los colegios nos daban una hucha para que saliéramos por las calles a pedir un donativo para las misiones. Con qué alegría y con qué ilusión tratábamos de llenar cuantas más huchas posibles, pues sabíamos del buen fin que los padres misioneros o misioneras iban a dar del dinero que habíamos recaudado.


Amigos, diréis que soy una pesada siempre pidiendo oración, pero como dijo Jesús: "pedid y recibiréis, y llamad y se os abrirá". Con la esperanza en estas palabras me despido. Con cariño, Laly Maíz.


martes, 29 de octubre de 2013

Proclamación de fe


Queridos amigos internautas:

Hoy os quiero hablar de la fe. ¿Cómo se escribe la palabra "fe"'? La palabra "fe" es tan pequeña que sólo consta de dos letras, la "f" y la "e". Pero además tiene un acento en la "e" que le da fuerza y rotundidad al pronunciarla. Pero aun siendo tan pequeña su significado es tan grande que en él se basa la doctrina cristiana. Es la piedra filosofal de nuestra religión.

SS Benedicto XVI hace un año, del 2012 al 2013, proclamó el año de la fe. Ya faltan pocas semanas para que se finalice este año. ¿Qué quería SS al proclamar este año de fe? Yo, con mi humilde inteligencia, pienso que él nos daba un toque de atención para que reflexionáramos especialmente durante un año sobre cómo tenemos cada uno de nosotros nuestra fe. Poco a poco, la humanidad y también algunos cristianos se están dejando arrastrar por el materialismo y el ateísmo, y se están perdiendo los valores cristianos.

Jesús, a lo largo de su vida, dio muestras en sus enseñanzas del tipo de fe que teníamos que tener, y siempre les decía a los apóstoles:

-Si tuvieseis verdadera fe, si vuestra fe fuera inquebrantable, diríais a esa zarza: "arráncate de la tierra y siémbrate en el fondo del mar," y ella lo haría. O al pico de alguna alta montaña: "aplánate", y se aplanaría.

Os voy a poner dos ejemplos de los muchos que podría escoger para que veáis la falta de fe de algunos apóstoles. Estaba Jesús con sus discípulos en una barca en el mar de galilea y se quedó dormido mientras pescaban sus discípulos. De pronto se levantó una gran galerna y el viento rugía con tal fuerza que la barca parecía que iba a zozobrar. Horrorizados, los discípulos despertaron a Jesús diciéndole: "Maestro, despiértate que perecemos". A lo que contestó Jesús: "hombres de poca fe", y poniéndose de pie se dirigió a la tempestad diciendo: "calmaos, que yo os lo mando". Y al instante el mar se quedó en calma.

Entonces Jesús saltó de la barca al agua y empezó a andar sobre ella hacia la orilla. Al ver esto San Pedro hizo lo mismo y dio dos o tres pasos sobre el agua, pero al darse cuenta de que estaba andando sobre ella el pánico le atemorizó y empezó a hundirse. Entonces Jesús le cogió de la mano y se lo llevó con él sobre las aguas hasta la orilla.

Otro ejemplo fue después de Jesús haber resucitado tras la crucifixión. Se presentó en medio de los discípulos, que estaban reunidos en el cenáculo con las puertas y las ventanas cerradas y les dijo: "paz y bien". Cuando llegó Tomás, que no estaba cuando se apareció Jesús, y ellos le contaron lo que había sucedido, no lo creyó, y dijo: "mientras yo no meta mi dedo en la herida de los clavos de sus manos y sus pies o introduzca mi mano en su costado, no lo creeré".

Al domingo siguiente estaban otra vez los doce apóstoles reunidos en el cenáculo cuando de nuevo se volvió a aparecer Jesús, y dirigiéndose a Tomás le dijo: "ven, Tomás. Introduce tu dedo en mis heridas y tu mano en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente". Avergonzado, Tomás contestó: "Señor mío y Dios mío", y Jesús respondió: "porque has visto has creído. Bienaventurados los que sin ver creyeren".

¿Qué es tener fe? Tener fe es creer en todo lo que no vemos y en las promesas que Jesús nos hizo: tener fe es creer en un solo Dios que es trino. Tener fe es creer que Jesús nació de la Inmaculada Virgen Maria por la Gracia del Espíritu Santo y que ella se conservó inmaculada antes del parto, en el parto y después del parto. Tener fe es creer que Jesús después de ser crucificado y sepultado al tercer día resucitó de entre los muertos. Tener fe es esperar que después de nuestra muerte resucitaremos con Cristo para la vida eterna. Tener fe es creer en las palabras de las Sagradas Escrituras.

Pero, ¿cómo conseguimos la fe? ¿Qué hacemos para lograrla? La fe es un don divino que Dios nos da pero nosotros tenemos que trabajarla para conseguirla. No es como en los cuentos infantiles que viene el hada con la varita mágica y toma una rana y la convierte en un apuesto príncipe. Para conseguir la fe tenemos que ponernos de rodillas delante del sagrario y rezar diciendo: "padre mío, no soy digna de dirigirme a ti, pero confío en tu bondad infinita y en tu misericordia para que me concedas la gracia de amarte, respetarte y creer en ti". Esta oración, pidiéndola con humildad y sencillez muchas veces, al final consigue que la fe llegue a tu alma y una paz te inunde.

 Hace pocos días hemos sido unos privilegiados al haber sido testigos de la beatificación de quinientos veintidós mártires españoles, compatriotas nuestros que murieron por no renunciar a la fe y a Jesús: eran obispos, sacerdotes, monjas, seminaristas y seglares. Esto sucedió en los años difíciles anteriores a la guerra del 36, cuando quemaban iglesias y mataban a tantos inocentes que no habían hecho nada más que el bien a todo el mundo. SS el Papa Francisco, después de muchos años de investigaciones y de comprobaciones, a estos santos mártires los proclamó beatos. Al acto acudieron muchos familiares de los mártires. La mañana se llenó de luz, alegría y gracia al sentir que todos estos mártires habían muerto perdonando a sus verdugos.

¡Cuántos ejemplos tenemos para apoyarnos en ellos! Recémosles y pidámosles favores por la gloria de su martirio.

Antes de despedirme os pongo una oración que he encontrado en internet y que ilustra perfectamente aquello de lo que os hablo hoy:


Oh Jesús Redentor, autor y consumador de nuestra fe, te suplicamos desde lo profundo de nuestro corazón contrito y humillado no permita que se extinga la hermosa luz de nuestra fe. Acuérdate de tus antiguas misericordias; mira compasivo la viña que tú mismo plantaste con tu diestra, que ha sido regada con la sangre de miles y miles de mártires, con las lágrimas de generosos penitentes y las fatigas de celosos apóstoles y fecunda oración de tantos cristianos fieles. 
Nos aflijan las enfermedades, nos consuman los disgustos, nos afecten los infortunios, pero que no nos falte la fe; porque ricos con este don precioso, soportaremos con gusto todo dolor y nada podrá alterar nuestra felicidad. Por el contrario, sin la gracia de la fe, nuestra desventura no tendría límites. 
Oh Jesús, autor y consumador de nuestra fe, consérvanos dentro de la nave de Pedro, fieles a su sucesor, para que se construya la unidad de la Iglesia, se promueva su santidad y se dilate en bien de todos los pueblos. Concédenos la paz y la unidad. Confórtanos y consérvanos en tu santo servicio, para que por Ti y en Ti vivamos siempre. Amén.

(Esta oración está basada en Hebreos 12, 1-2.  san Clemente; la rezaba y la recomendaba. Es tomada de: Espiritualidad Redentorista, vol. 4, p. 293).
Indulgencia  - León XIII


Amigos, deseo de todo corazón que nunca perdamos la fe y todos los días recemos para conseguirla. Con todo mi cariño: Lali Maíz.