domingo, 20 de mayo de 2012

Curación de los 10 leprosos y oración para los que no creen.


          Queridos amigos internautas, una vez más me dirijo a vosotros (aunque con retraso y sin ser mía la culpa) con todo cariño, pues siento una gran satisfacción cada vez que os escribo en nuestra página. Cada vez son más las personas que se unen a nosotros. Ya somos un gran grupo y el punto de conexión que tenemos entre todos sigue siendo nuestro eje principal que es la ORACIÓN. Gracias a ella, nos ayudamos unos a otros al pedir que se nos solucionen nuestros problemas y avatares de la vida, bien sean problemas espirituales, de salud o terrenales. Siento una gran alegría y satisfacción al pensar que desde cualquier rincón del mundo hay personas que estamos rezando a la misma hora para conseguir un mundo mejor y extender el reino de Cristo hasta los confines de la Tierra.

          Ahora me he dado cuenta de cuan importante son las personas que nos rodean, pues cuando necesitamos ayuda bien por la edad o la enfermedad, y nos vemos cada día mas vulnerables y con dificultades para hacer nuestra vida cotidiana y aquellas cosas que hacíamos sencillamente y sin darle importancia, se convierten en camino lleno de obstáculos. Entonces sentimos que nuestro círculo se va estrechando y nos va quedando prisioneros dentro de él. Aquí es cuando se produce el milagro al ver que algunas de las personas que nos rodean con todo su cariño y paciencia nos ayudan dándonos ánimos para poder salir de ese círculo que nos está oprimiendo. Benditas sean todas ellas que tienen la caridad de socorrernos y ayudarnos. Jesús dijo que el amor y la ayuda que se les hiciera a los padres y a cualquier persona indefensa, nunca sería en balde. Esa obra no se perdería y llegaría al cielo.

          Hoy he pensado que vendría bien hablar de la curación de los 10 leprosos. Os voy a relatar como sucedió y luego os daré mis conclusiones.

          Iba Jesús con sus apóstoles camino de Jerusalén, atravesaban Galilea y Samaria cuando a lo lejos vieron un grupo de 10 leprosos que gritaban llamando su atención y les decían: Maestro, ten misericordia. Al oírles Jesús se paró, les miró y se compadeció de ellos. Vio sus cuerpos llenos de lepra y entonces les dijo: ir y presentaron a los sacerdotes del templo para que certifiquen vuestra curación (En aquellos tiempos era obligatorio que todo enfermo de lepra cuando se curase tenía que tener el certificado de los sacerdotes que dijera que estaba limpio de la enfermedad). Salieron corriendo los 10 leprosos y hacia la mitad del camino se dieron cuenta de que se habían curado, y entonces uno de los 10 que era samaritano (extranjero) se volvió corriendo a buscar a Jesús para darle las gracias. Cuando llego ante él se arrodillo y dando gritos de alabanza demostraba a Jesús todo su agradecimiento. Entonces Jesús le pregunto. Erais 10, ¿dónde están los 9 restantes? A lo que el samaritano calló. Jesús le dijo: ve en paz tu fe te ha salvado. Este milagro me hace pensar en lo que Jesús nos quiere decir con el:

          1º Demuestra todo el cariño que nos tiene, que él no se alegra con las cosas malas que nos suceden sino por el contrario se apiada de nosotros y nos ayuda.

          2º Otra reflexión que podemos hacer es demostrar nuestro agradecimiento cuando alguien nos ayuda y nos socorre. Jesús hizo ver que tenían que haber vuelto los 10 leprosos para darles las gracias no porque el las necesitara sino para que aprendamos a ser agradecidos.

          Aunque me llaméis pesada, os animo a que cada día recemos mas y mejor pues cuando estamos rezando y nos ponemos en contacto con Dios, con la Santísima Virgen María, con las benditas ánimas del purgatorio, los fieles difuntos o a través de todos los ángeles y los santos, hablemos con Dios de una manera sencilla como nuestro padre que es o el mejor de nuestros amigos y conversemos. Contémosle todo lo que nos sucede, bien sea bueno o malo, desahoguémonos como lo haríamos con nuestros padres y apoyemos nuestra cabeza sobre su pecho que él con sus brazos nos rodeará y nos dará la paz que necesitamos. Cuando rezamos de verdad no hay nada que nos produzca más satisfacción y serenidad en nuestra vida que ese rato que hemos estado en comunicación con Dios.

          Os recuerdo que este mes de mayo es el mes dedicado a la Santísima Virgen María. Procuremos cada día ofrecerle una flor con nuestro amor y sacrificio para adornar su altar. Hay grandes celebraciones de la Virgen María en este mes de mayo como por ejemplo la Virgen de Fátima o María Auxiliadora, auxilio de los cristianos. Recemos el Santo Rosario con gran devoción.

          He encontrado una oración que me parece preciosa para que si os animáis la recemos por todas aquellas almas que no han conocido a Cristo o han renegado de él. Mediante esta oración pediremos para que tengan una nueva oportunidad de amar a Jesús. Aquí os la escribo:

          “Oremos por los que no creen en Cristo, para que, iluminados por el Espíritu Santo, encuentren también ellos el camino de la salvación”.

          Queridos amigos espero no tardar tanto en escribiros. Hasta la semana que viene si Dios quiere.

domingo, 29 de abril de 2012

Oración del Padre Nuestro y Jose María Escrivá de Balaguer


Padre nuestro que estás en los cielos
Santificado sea tu nombre
Venga a nosotros tu reino
Hágase tu voluntad así en la Tierra
Como en el cielo
…………………………………………………….
Danos hoy nuestro pan de cada día
Perdona nuestras ofensas
Como nosotros perdonamos a los que nos ofenden
No permitas que caigamos en tentación
Y líbranos del mal
Amén

Queridos amigos internautas, aun estamos celebrando con júbilo y alegría la triunfante resurrección de nuestro señor Jesucristo de entre los muertos.

En el periodo de tiempo que va desde la resurrección de Jesús a su gloriosa ascensión a los cielos, él se apareció a sus discípulos y a sus seres más queridos como narran los evangelios en multitud de ocasiones. Unas veces caminando con ellos, otras apareciendo en medio de una habitación cuando estaban reunidos o sencillamente cuando comían asando un pez a orillas del lago Tiberiades. La primera vez que se les apareció todos se asustaron porque pensaban que era un fantasma y Él siempre les decía lo mismo:
“La paz sea con vosotros “y a continuación les enseñaba las heridas de los clavos en sus manos y pies de cuando le crucificaron. Poco a poco los discípulos fueron comprendiendo todas las enseñanzas que Jesús les había dado y se dieron cuenta que se habían cumplido todas las profecías. También entonces comprendieron cuando Jesús les dijo a los escribas y fariseos: “destruir el templo que yo en tres días lo reconstruiré”. Entonces le tacharon de loco, pues él a lo que se refería era al templo de su cuerpo que al tercer día resucitaría.

Cuando yo tenía 7 años y en el colegio nos estaban preparando para hacer la primera comunión y nos enseñaban el catecismo. Me viene a la memoria una pregunta que decía en el catecismo: ¿qué es orar? Orar es elevar el corazón a Dios para pedirle virtudes. De qué manera tan sencilla y escueta explicaba lo que era la oración.

Si pensamos durante las 24 horas que tiene el día cuantas veces paramos nuestra mente de las cosas que estemos haciendo para ponernos a orar nos damos cuenta que para rezar no hacen falta oraciones complicadas y largas ni palabras rebuscadas, simplemente es la actitud que tengamos en ese momento lo que vale. Digamos con sencillez y humildad Señor aquí estoy. Quiero durante estos minutos alabarte y glorificarte y darte gracias por todas las cosas que nos das y pedir tu misericordia.


Oración del Padre Nuestro

Pero ¿Cuántas veces rezamos el Padre Nuestro de una manera mecánica sin pensar en lo que decimos? Se me ha ocurrido dividir las dos partes del Padre Nuestro cada una a su vez en tres, para que cuando lo recemos no lo hagamos pensando en la cantidad de Padre Nuestro que recemos sino en el significado de las palabras que pronunciamos.

Padre Nuestro que estás en el cielo
Santificado sea tu nombre

Como todo encuentro con una persona querida lo primero que se hace es saludarle y alabándole como si estuviéramos piropeándole

Venga a nosotros tu reino

Esta parte es una parte de esperanza, pues en ella esperamos que el reino de dios no lo alcancemos solo después de nuestra muerte sino que también hagamos que el reino de dios se extienda sobre todos nosotros en la tierra

Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo

Esta es la parte mas difícil pues aquí tenemos que aceptar la voluntad de dios sobre nosotros aunque a veces no la comprendamos y nos parezca que nos exige demasiado. Hay esta nuestra actitud de ponernos en sus manos y aceptar con alegría los designios que él tiene sobre nosotros

Danos hoy nuestro pan de cada día

Como somos humanos y tú eres nuestro padre, te pedimos el sustento para nuestra vida y como buen padre que eres siempre nos darás lo mejor para nosotros. Pero no solamente de pan vive el hombre, sino también necesitamos del alimento espiritual en la sagrada eucaristía.

Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden

Muchas fueron las parábolas que Jesús nos hablo del perdón para que comprendiéramos que si él nos perdona nosotros también tenemos que perdonar de corazón a todas los que nos ofenden, así encontraremos la paz y la felicidad.

Y no nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal amen

Esta es la ultima suplica que le hacemos a dios en el padre nuestro, que nos libre de todos los peligros y las cosas malas del mundo y que nos ayude a vencer las tentaciones para nunca ofenderle.


Jose María Escrivá de Balaguer



Amigos os voy a poner la vida a grandes rasgos del santo José María Escribá de Balaguer pues pienso que estos santos han sido contemporáneos de todos nosotros y ellos han sabido en nuestro tiempo con las dificultades del mundo actual ser santos.

Jose María Escrivá de Balaguer y Albas; Barbastro, 1902 - Roma, 1975 Sacerdote español, fundador del Opus Dei. Ordenado en 1925, ejerció el ministerio pastoral tanto en ambientes rurales y obreros como universitarios. Doctor en Derecho y en Sagrada Teología, fue profesor de Filosofía, Ética profesional y Derecho romano en las universidades de Zaragoza y Madrid. Entre otros títulos, respondió al de Gran Canciller de las universidades de Navarra y de Piura (Perú), y fue miembro de la Pontificia Academia Romana.

Como prelado de honor de Su Santidad, promovió obras de apostolado por todo el mundo, vocación que culminaría en 1928 con la fundación del Opus Dei. Esta asociación de fieles, de la que fue presidente general y que a partir de 1946 dirigió desde Roma, tenía como fin difundir en todos los ambientes de la sociedad (sin distinción de raza, estado o condición social) el mensaje evangélico de la llamada universal a la santidad y al apostolado, tomando como marco las circunstancias de la vida corriente y, sobre todo, en el ejercicio del trabajo profesional ordinario.

Entre sus miembros también se admitían, en condición de cooperadores, aquellos que no profesaran la fe católica. En el momento de su muerte, el Opus Dei ya se había extendido por los cinco continentes y había llegado a tener en su haber más de 60.000 socios. Asimismo, Escrivá de Balaguer fue autor de obras de espiritualidad, como Camino, de 1934, de la que en 1982 ya se habían hecho 175 ediciones y se había traducido a 34 idiomas, Santo Rosario y Es Cristo que pasa (1973), y el ensayo La abadesa de Las Huelgas (1944).

Póstumamente, se publicaron una recopilación de homilías, Amigos de Dios (1977), Vía Crucis (1981) y Conversaciones con Monseñor Escrivá de Balaguer, una selección de algunas de las entrevistas que había ofrecido a la prensa. En 1981 empezó su proceso de beatificación y canonización. La ceremonia de su beatificación se celebró en Roma el 17 de mayo de 1992. Diez años después, el 6 de octubre de 2002, fue canonizado en Roma por el papa Juan Pablo II.

Amigos he tardado mas en escribiros pues como sabéis me he roto la cadera y estoy un poco fastidiada. Espero con la ayuda de dios caminar pronto.

Hasta la semana que viene si dios quiere.

viernes, 6 de abril de 2012

Contrariedades y la vida de Fray Leopoldo de Alpandeire.



Queridos amigos internautas ayer Jueves Santo tuve un problema pues al salir al jardín, el último escalón no lo vi y caí al suelo rompiéndome la cabeza del fémur. Pasé un rato malísimo hasta que vino la ambulancia para recogerme al hospital, pero tuve la gran suerte que el traumatólogo que me vio cuando me partí las vértebras estaba de guardia y a las cinco de la tarde me operaron. Me han puesto una placa con tornillos y me han dicho que creen que todo irá muy bien. El único problema es que no puedo apoyar el pie en el suelo durante un mes, así que a ver como me apaño.

Mi marido y todos mis hijos han estado a mi alrededor dándome cariño y apoyo, y han hecho unos turnos para que nunca esté sola. La verdad que estoy muy orgullosa de todos ellos, pues cuando hay que dar el cayo, siempre están dispuestos. Os lo he contado por si queréis rezar un padre nuestro para me cure bien. Aquí las procesiones de Jueves Santo y los Santos Oficios que tenía la ilusión de asistir, pues estuve en el hospital. Cuando te pasa algo, te das cuenta de cuanta gente buena hay y cuanta gente te ayuda.

Marta, mi nieta mayor, se pasó toda la tarde dándome besos. Marina y todos los demás me mandaron recuerdos y ánimos para que pusiera buena pronto. Cuando iba camino del quirófano me encomendé a los Santos de mi devoción, especialmente a la Santísima Virgen de Lágrimas y Favores y al Santísimo Sacramento del Altar, yo les dije que todo el sufrimiento y el dolor que llevaba que sirviera por el perdón de nuestros pecados, por el bien de mis hijos y por la propagación de la fe católica. También le dije que si había llegado mi hora que me recogiera, que yo ponía mi vida como en la horación del padre nuestro 'Hágase tu voluntad'.

Amigos otros días os pondré otras cositas de mi evolución y ahora os quiero poner la vida de un Santo de Fray Leopoldo de Alpandeire, que es un Santo muy querido en Andalucía.


Alpandeire*

Dejando atrás la señorial ciudad de Ronda, metrópoli de la Serranía del mismo nombre, y, bajando por una carretera que serpentea entre escarpados cerros de alcornoques y encinares, llegamos a Alpandeire, pintoresca villa de la provincia de Málaga, situada en las extremidades de la sierra de Jarestepar al sur de Ronda.

Aquí, en este pueblecito de casitas blancas, acurrucado alrededor de su majestuosa iglesia parroquial, considerada la "catedral de la Serranía", nació un 24 de junio de 1864 Francisco Tomás Márquez Sánchez, nuestro futuro Fray Leopoldo. Fueron sus padres Diego Márquez y Jerónima Sánchez. Francisco Tomás tuvo otros tres hermanos más cuyos nombres nos son conocidos: Diego, Juan Miguel y María Teresa y algunos más que murieron en la infancia sin disponer hoy de datos sobre ellos. Juan Miguel moriría soldado en la guerra de Cuba.

Es indudable que existe una “geografía de Dios” que confió a determinadas ciudades, a algunos lugares y pueblos una misión particular, un signo de predilección. “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres la menor entre las principales ciudades de Judá; porque de ti saldrá un príncipe que apacentará a mi pueblo Israel” (Mt. 2, 26). Belén, Jerusalén, Nazaret, Cafarnaún, Caná de Galilea, Betania, nombres que, al pronunciarlos, evocan recuerdos y misterios de aquel Jesús de Nazaret. En verdad, toda la tierra de los Patriarcas y de los Profetas es, por derecho propio, el país del Hijo de Dios, la patria universal de los creyentes. Y pensemos en la Grecia de Platón y de Aristóteles, en esa Roma donde Cristo es romano, en las catacumbas y en los mártires cristianos, en Casino y en San Benito, en Asís y en San Francisco, en Orleáns y en Santa Juana de Arco, en Ávila y en Santa Teresa, en Loyola y en San Ignacio, en Siena y en Santa Catalina, en Pietrelcina y en San Pío, en Lourdes y en la Virgen Inmaculada que, como la piscina de Siloé, atrae cada año a una multitud de peregrinos.

A todos ellos y a tantos otros cabría añadir Alpandeire, pueblecito minúsculo escondido en la serranía de Ronda, semejante, en miniatura, a un sello, situado en las extremidades de la sierra de Jarestepar al sur de Ronda la ciudad del Tajo. Se han encontrado en su término monedas turdetanas que justifican el paso de las tribus ibéricas por toda Andalucía. Algunos dólmenes en el paraje denominado “Montero” hablan de la presencia del hombre prehistórico por estos lugares. “Como el pueblo es pequeño y de escasa importancia -- ha escrito Diego Vázquez Otero en su libro Leyendas y tradiciones malagueñas -- poco interés puede ofrecer su vida pretérita”. El mismo autor sostiene que es árabe el origen de esta población y que fue uno de los primeros puestos que fundaron los sarracenos después de la sangrienta batalla del Guadalete, en el año 711. Desde la crestería de “Jarastepax”, sierra calcárea que se levanta al norte de Alpandeire, se vislumbran a través de la azulada lejanía las ruinas de la antiquísima “Carteya” (Algeciras) y el formidable peñón de “Caspe” (Gibraltar). Del paso de griegos, romanos, cartagineses no hay vestigios, aunque sí se han encontrado algunas monedas con la inscripción de la palabra “Acinipo”, nombre de una ciudad fenicia que gozó de gran importancia durante el poder de Roma, como lo atestiguan las ruinas de su anfiteatro.

nnumerables son las armas, monedas y objetos morunos encontrados en estos contornos. Morunos siguen siendo los nombres que dieron a sus ríos, como el Genal o sus arroyos, como el Alhandaque, Alfraguaras y Audalazar, o las fuentes, como la de Alfoncal. El prestigioso caudillo moro Hamet el Zegrí se encontraba en esta villa reclutando gente para defender a Ronda cuando esta plaza fue sitiada y asaltada por las huestes cristianas, mandadas por el rey Fernando V el Católico, en mayo de 1485. Alpandeire, situado entre los cerros de “El Cuervo”, “El Correjón” y “Castillejos” tiene una población cercana a los 500 habitantes y se haya situada a 695 metros sobre el nivel del mar, con una extensión de 3.077 hectáreas. Vive de la agricultura. Produce cereales, aceite, corcho, madera. Tiene alguna importancia el ganado lanar, caprino y de cerda.

Es la patria de nuestro santo limosnero capuchino, el místico de la humildad poseído por la “locura” celeste, cuyo espíritu aletea sobre sus silenciosas calles, al sol o en penumbra, blancas, empinadas y estrechas, con los tejados en pronunciada pendiente, destacando su monumental iglesia, grandiosa construcción de ladrillo y granito con estuco de yeso, interior y exteriormente. En su arquitectura primera destacaba el altar mayor, soberbio retablo de estilo churrigueresco en su base y parte alta, respondiendo la central al orden dórico; y el altar de Santa Teresa de Jesús, del más bello y admirable plateresco. Está dedicada a san Antonio de Padua. La iglesia fue construida a mitad del siglo XVI por el arzobispo de Sevilla Diego Deza, aunque su actual fisonomía es obra de la reconstrucción que sufrió en el siglo XVIII. En la historia reciente de Alpandeire, cabe destacar para nuestro objetivo, que en esta iglesia se conserva como preciada reliquia la pila bautismal donde Francisco Tomás, nuestro futuro Fr. Leopoldo, fue bautizado. Pero Alpandeire quedará ya para siempre como un pueblecito cuyas piedras y ladrillos parecen haber sido colocados por manos de ángeles, como si de un “portal de Belén” se tratase. Paseando por los pintorescos rincones de sus calles encaladas y siempre al contacto con su gente se siente aún vibrar hoy el espíritu del santo limosnero capuchino; destacan la humildad, bondad, generosidad, amor y calor y sabiduría popular tan propia de la gente de la sierra y que, en su infancia, bebió Francisco Tomás.

Luego, la continuidad de la misión salvadora que Dios quiso confiar al frailecito de las Tres Ave Marías, continuaría su desarrollo por largos años por las calles, plazas y empinadas cuestas de la ciudad de la Alhambra donde hoy reposan sus venerados restos, cuyas calles recorrió a lo largo de 50 años de limosnero, derramando bondad, ternura, sencillez, amor, consuelo y misericordia, mientras pedía la limosna para su comunidad y para los pobres.

Alpandeire forma ya hoy parte de esa “geografía de Dios” a la que nos hemos referido. Para un capuchino el nombre del pueblo es tan importante que el 17 de abril de 1966, Pablo VI, en la beatificación del capuchino piamontés Ignacio de Santhiá (canonizado por Juan Pablo II en el 2002), recordó, entre otras cosas, la costumbre capuchina de llevar el nombre del pueblo natal: “Según una antigua costumbre, los capuchinos, -- decía el Papa -- después de haber renunciado a todo, incluso al propio nombre, conservan, sin embargo, el de la ciudad que lo vio nacer y con él a cuestas caminan hasta llegar a la eternidad” -- hecho hoy ya en desuso --.


Fray Leopoldo*

En plena Serranía de Ronda, se encuentra Alpandeire, pueblecito minúsculo escondido como un nido en el corazón de la serranía. Es una pintoresca villa situada al norte del valle del río Genal, de gran belleza natural. El casco de su población es un laberinto de calles silenciosas, con casas blancas en cuesta y tortuosas en su mayor parte, acurrucadas en torno a su monumental iglesia, denominada la “catedral de la Serranía”.

Es la patria de nuestro santo limosnero capuchino, el místico de la humildad poseído por la “locura” celestial, cuyo espíritu aletea sobre sus silenciosas calles, al sol o en penumbra. Fueron sus padres Diego Márquez Ayala y Jerónima Sánchez Jiménez, humildes campesinos pero muy trabajadores. Como la mayoría de la gente de aquella zona tenían que trabajar duramente para hacer fértiles los campos, difíciles de cultivar dado que el terreno era muy pedregoso. En el hogar de Diego y Jerónima, nació el 24 de junio de 1864 un niño, hijo primogénito del matrimonio. Fue bautizado el 29 de junio, recibiendo los nombres de Francisco Tomás de San Juan Bautista y se confirmó el 11 de septiembre de 1881 por el obispo de Málaga D. Marcelo Spínola y Maestre beatificado por Juan Pablo II en 1897. El matrimonio tuvo tres hijos más, dos varones Diego y Juan Miguel, éste último murió en la guerra de Cuba y una hembra, María Teresa.

El hogar de Diego y Jerónima era humilde y en él se vivía del trabajo y se practicaban las virtudes cristianas. La santidad no se improvisa, pero allí, al calor del amor hogareño, fue creciendo la buena semilla de Francisco Tomás. De sus padres, Francisco Tomás, aprendió los buenos modales, los principios cristianos y las prácticas religiosas. De labios de Jerónima, madre cristiana al recio estilo español, aprendió a rezar. De su padre aprendió la “hombría de bien”.

De su niñez, según testimonian sus propios paisanos, podemos afirmar que Francisco Tomás era un niño juicioso en su proceder, alegre y buen compañero, trabajador incansable, comenzaba su jornada asistiendo a la santa misa y visitando, el Santísimo. Desde joven ya valoraba la pobreza como expresión de vida interior, seguramente no condicionado por su situación familiar y social que era escasa. De hecho compartía su comida frugal con los más pobres. La bondad natural del joven era signo de su experiencia de fe que se manifestaba en su conducta ejemplar.

Entre los trabajos del campo, la vida familiar y de piedad y oración pasó los treinta y cinco años de su vida oculta mientras Dios lo iba modelando lenta y paulatinamente -- que ya desde niño "era todo corazón" --; disfrutaba socorriendo a los pobres. Se decía de él que ni aún de niño se cerró, egoísta, a la compasión. Daba sus zapatos a un menesteroso que los necesitaba, o entregaba el dinero ganado en la vendimia o en la siega, a los pobres que encontraba por el camino de regreso a su pueblo. "Dios da para todos", diría años más tarde.

Para sacar adelante la familia, Diego el padre, alquiló unos terrenos en la metrópoli de Ronda. Fue allí, a raíz de haber oído predicar a dos capuchinos con ocasión de las fiestas que tuvieron lugar en la ciudad del Tajo, en 1894, para celebrar la beatificación del capuchino Diego José de Cádiz, cuando el joven Francisco Tomás decidió abrazar la vida religiosa haciéndose capuchino. “Quiero ser capuchino como ellos”. “Los religiosos --diría años más tarde-- le llamaron la atención por lo recogidos que iban”. A aquellos predicadores comunicó su deseo de ser uno como ellos, pero tuvo que esperar algunos años, debido a ciertas negligencias y olvidos en los trámites de admisión. Como los jóvenes de su tiempo, tuvo una novia, que se llamaba Antonia Medinilla, de la que se despidió maniféstándole que “Dios lo llamaba por otro camino”.

Finalmente, un día ingresó de capuchino en el convento de Sevilla. Tras unos meses de postulante, pasó a novicio en el mismo año de 1899, ya que las informaciones recibidas eran excelentes y el trabajo desarrollado en el silencio y en la oración había convencido a los miembros de la comunidad de la bondad de su corazón y de la rectitud de intenciones de Francisco Tomás. De manos del P. Diego de Valencina, Superior y Maestro de Novicios, recibió el hábito el 16 de noviembre y el nombre de Leopoldo de Alpandeire. La decisión de hacerse capuchino no supuso un cambio radical de vida, sino el perfeccionamiento interior de cuanto ya evangélicamente vivía: Fr. Leopoldo siguió trabajando la tierra cultivando el huerto del convento y, con fe y amor, transformaba su humilde trabajo en oración constante y en generoso servicio. El cambio de nombre -- comentaría él años adelante -- le cayó "como un jarro de agua fría", ya que el nombre de Leopoldo no era corriente entre los miembros de la Orden.

Un dato de su vida significativo, en cuanto que la vida religiosa es una elección madura, acrecentada en una continua relación con Dios mismo. Entrar en el convento no es una consecuencia de la pobreza que vivía, ni un refugio para corazones abatidos, sino que es un ejercicio de madurez, en cuanto pone de manifiesto lo que desde hace tiempo sentía y vivía en el contexto familiar y eclesial. El ejemplo del Beato Diego había inducido al joven a servir a Dios con todo su ser hasta incluso la inmolación. En Sevilla vivió una vida de verdadera austeridad marcada no sólo por la sencillez y la sobriedad, sino también por la oración común. Conociendo bien el trabajo de agricultor lo encargaron de cuidar la huerta bajo la dirección del hermano hortelano. Como novicio Leopoldo desarrolló los dones espirituales. Quienes lo conocieron afirmaron que su alegría santa era igual a su profunda interioridad tanto que se transparentaba en su cara y en sus ojos.

El que vive con sinceridad de corazón la comunión con Dios vive sereno en cada gesto de la vida cotidiana, incluso cuando sobrevienen las inevitables pruebas de la vida. El novicio experimentó en la oración la alegría de haber correspondido a la llamada de Dios. Es cierto: tenía ya 36 años, pero la juventud del espíritu afirma no sólo el grado de interiorización de la propia vocación, sino también la serenidad de las opciones diarias encaminadas por la voluntad de agradar a Dios en cada cosa. La experiencia del noviciado puso las bases de su camino espiritual, en cuanto que su amor a Dios queda aún más elevado por el conocimiento de la espiritualidad capuchina y de la regla de vida.

Terminado el noviciado y hecha la primera profesión, Fr. Leopoldo vivió por breves periodos de tiempo en los conventos de Sevilla, Granada y Antequera (Malaga). Sin embargo, la azada lo perseguía como fiel compañera mientras él seguía cultivando la huerta de los frailes. Pero para entonces ya había aprendido a sublimar el trabajo, a transformarlo en oración y servicio a los hermanos. Fue un “contemplativo entre el agua de las acequias, las hortalizas, los frutales y las flores para el altar”.

Al convento de Granada, fue destinado por primera vez, en el otoño de 1903, comenzando a trabajar como hortelano. Para Fr. Leopoldo, estos primeros años en Granada fueron los últimos que vivió en absoluto retiro tras los viejos muros conventuales. Fueron años de soledad y de hondura espiritual. Mientras trabajaba la huerta, crecía en virtud en el trato íntimo con Dios en la oración, en la que pasaba largas noches de adoración ante el sagrario. Aquí, en este antiguo convento, el 23 de noviembre de ese año de 1903, Fr. Leopoldo emite sus votos solemnes en manos del P. Francisco de Mendieta, superior de la casa. Era su consagración definitiva a Dios para el que, desde siempre, había vivido y por el que seguirá desviviéndose el resto de su vida.

Tras breves periodos en Sevilla y Antequera, e1 21 de febrero de 1914 llegaría a Granada para quedarse definitivamente en ella. La ciudad de la Alhambra, que dormita a los pies de Sierra Nevada, sería el escenario de su vida durante más de medio siglo. Hortelano, sacristán y limosnero, trabajos que unirían admirablemente la doble faceta de su vida: su dimensión contemplativa, su vida de oración, su vida íntima con Dios y su vida activa, su ir y venir por las calles y cuestas de Granada, su contacto con la gente, su diario quehacer de limosnero.

El oficio de limosnero es lo que define y caracteriza prácticamente la vida de Fray Leopoldo. El, que se había hecho religioso para vivir lejos del "mundanal ruido", fue lanzado por la obediencia a librar la batalla decisiva de su vida, en medio de la calle, entre las voces de la gente que pasa y el ruido de los tranvías. De ahora en adelante, las montañas, los valles, los caminos polvorientos, las calles, serían el templo y el claustro de su vida. Fray Leopoldo, como otros santos capuchinos con marcada inclinación a la vida contemplativa, vivió constantemente en contacto con el pueblo, como limosnero. Se hizo así santo, santificando a los demás. Y lo hizo como quería San Francisco: con el testimonio de su vida, con su ejemplo, con su palabra, con la gracia y el carisma que Dios le dio. El contacto con los hombres, lejos de distraerlo o mundanizarlo, lo empujó a salir de sí mismo, a cargar sobre sí el peso de los demás, a comprender, a ayudar, a servir, a amar. Era, como ha dicho un ferviente devoto suyo, “distinto pero no distante”.

Su figura se hizo popular en la ciudad de los cármenes, todos lo reconocían, las gentes y los chiquillos decían en la calle: "Mira, por allí viene Fray Nipordo", y corrían a su encuentro. Con los niños se paraba para explicarles algo de catecismo, con los mayores para hablar de sus problemas, angustias y preocupaciones. Fray Leopoldo había encontrado el modo de derramar sobre todos la bondad divina: rezaba tres Ave Marías, era su forma de enhebrar lo divino con lo humano. Y las gentes se alejaban de él transformadas, dispuestas a seguir su camino, pero con la tranquilidad y la seguridad que Fray Leopoldo les había devuelto, la de saber que Dios había tomado buena nota de sus preocupaciones. El humilde limosnero caminaba absorto por las calles, en diálogo ininterrumpido con Dios. Su corazón era una puerta que se abría cada vez que algún necesitado llamaba a ella, nunca estaba cerrada.

A Granada llegó para recorrerla, patearla y conocerla a fondo, porque conocerá la ciudad verdadera, conocerá Granada por dentro, esa ciudad que no aparece en ningún escaparate, que no aparece en el alféizar de las puertas y ventanas de la Alhambra, ni entre los mirtos y arrayanes de sus jardines, conocerá la Granada viva, real, esa Granada de carne y hueso, con sus miserias, dolores, y aflicciones, palmo a palmo irá dando bondad, rincón tras rincón Fr. Leopoldo, repartirá amor, alivio, bondad y consuelo y recogerá, a cambio, un trozo de pan, porque a esta Granada, mora y cristiana, había llegado ya el fraile capuchino preso y cautivo del Amor divino.

Y con el peso de sus días azules o grises pateará la ciudad en la práctica diaria del ejercicio de la caridad, cumpliendo las obras de misericordia, dando de comer al hambirento, consolando al triste, escuchando al afligigo, visitando y cuidando a los enfermos, perdonando los insultos; recorrerá Granada, pero Leopoldo no se fijará ya en sus bellos monumentos de piedra, porque lleva dentro, muy dentro, el dolor, el sufrimiento y la pobreza de sus gentes.

Y así día tras día, durante medio siglo, Fray Leopoldo recorrió Granada repartiendo la limosna del amor, elevando y sublimando la pesada monotonía de todos los días, dando colorido a los días grises, poniendo unidad y armonía en la fragilidad del ser humano, sobrenaturalizando y dignificando el quehacer diario. El ha aportado, así, abundantes riquezas espirituales, bondad, caridad, sencillez, limpieza al fatigoso discurrir de los hombres por esta tierra. Su comportamiento fue siempre idéntico. Todo lo que hacía, lo hacía con la misma naturalidad como si fuera la primera vez que lo hacía. No cabía en él la rutina o el aburrimiento. Cada acto era siempre un nuevo, con esa frescura que daba vitalidad propia y sentido a cada acto de su vida.

No todo fue tan fácil, ni tampoco todo fue sobre ruedas, porque Fr. Leopoldo ejerció de limosnero en una época en la que en España soplaban aires anticlericales y se perseguía todo lo que sonaba a sagrado o religioso, se incendiaron iglesias y conventos, se quemaron las imágenes sagradas; en su recorrido diario de limosnero tuvo que sufrir y escuchar muchos insultos: “¡Haragán, pronto te pondremos ese cordón al cuello!”, “¡Vagabundo! --le gritaban--, ¡trabaja en vez de ir pidiendo limosna!”; “¡Prepárate, que te vamos a cortar el pescuezo!”. Fr. Leopoldo experimentó este clima hostil, y, parafraseando el evangelio, decía: “¡Pobrecillos, hay que tener compasión de ellos porque no saben lo que hacen!”.

Pero, ¿Dónde estaba el secreto de Fr. Leopoldo? ¿Es que había algún secreto en la vida de nuestro limosnero? Sí, este era el secreto de su vida: su oración, su vida de unión con Dios y su trabajo, sublimado y convertido también en oración, porque no fue la suya una vida caracterizada por grandes gestos o notables acontecimientos, salvo los hechos normales que vienen dados por el estado religioso que había elegido: el encuentro con la vida religiosa y la regularidad del horario conventual.

La santidad de Fr. Leopoldo tenía como soporte la humanidad del viejo Francisco Tomás. Es importante ponerlo de relieve enseguida: Fr. Leopoldo ha conservado la identidad del campesino de Alpandeire incluso en su camino hacia la santidad. Es difícil descender a la intimidad de aquella identidad, pero se pueden extraer rasgos de aquel su patrimonio originario que ha permanecido incólume. El ex General capuchino, Fr. Pascual Riwalski, en la homilía de la misa al inaugurar el Hogar, lo describió así:

Es indudable que un encanto inmediato le viene a Fr. Leopoldo de su actitud de hombre simple, natural y sin artificio, sincero y rectilíneo, evangélicamente pobre. Un pobre crédulo y candoroso, sencillo y discreto, que sabe situarse siempre en segundo plano y trata de servir en el anonimato y la humildad. Un hombre con un corazón de niño, noble y franco, comedido y sobrio, de campesino honrado… Un hombre extremadamente reservado y modesto respecto a todo lo bueno que el Señor obra por medio suyo, que se turba ante las alabanzas de los hombres, que se goza con las humillaciones y que mantiene una conciencia viva de sus límites y de su pequeñez. ‘Soy un gran pecador’.

La verdadera sencillez evangélica es fruto de la estima que tenemos de nosotros mismos y de las demás criaturas en la perspectiva de Dios. Fr. Leopoldo, como buen franciscano, era consciente de la propia talla y reflejaba, con absoluta naturalidad, el porte de un auténtico hermano ‘menor’. Conocía bien aquel hermoso dicho de san Francisco: “Cuanto es el hombre delante de Dios, tanto es y no más” (Admonición 19).

Fr. Leopoldo tenía unas características físicas muy definidas, aunque los rasgos de su cara quedaban ocultos tras su barba desarreglada, era bajo de estatura pero de constitución física vigorosa. Su frente era despejada y surcada por las arrugas del paso de los años, un rostro luminoso irradiaba todo su ser, llamando poderosamente la atención sus ojos, ojos vivos, transparentes, eran reflejo de su serenidad interior que comunicaba paz y bienandanza. De sus pupilas emanaba una belleza insólita, limpia como el azul del cielo y espejo de su candor interior, profunda como la inmensidad del océano.

No era fácil ver sus ojos. Fr. Leopoldo, acostumbrado como San Félix de Cantalicio, a ir con los ojos en el suelo y el corazón en el cielo, tenía unos ojos de niño, puros y penetrantes, serenos y limpios. Su mirada era límpida, recogida, tranquila, que transmitía serenidad, pureza y dulzura de corazón, fruto de la paz interior que lo invadía. Él tenía un singular ascendiente con todos los que encontraba a través de su humildad y su disponibilidad. Su figura no era de las que hacen ruido y llaman la atención, porque él, más que “ir entre la gente, pasaba entre la gente”; más que hablar, decía; más que mirar, veía en el corazón de las personas que se le acercaban; más que pobre, “era la pobreza viviente”; no fue un timorato, sino siempre un dispensador del santo temor de Dios. Son matices esenciales, si se quiere tener la exacta imagen de Fray Leopoldo, que por debajo de una superficial apariencia de rudeza campesina, se escondía una fina personalidad.

Es necesario preguntar a su vida misma, para constatar cuán conscientemente se ha adherido al Evangelio de Cristo sin glosa siguiendo el ejemplo de san Francisco. Lo extraordinario se encuentra precisamente en aquella limpidez, claridad, sencillez, cualidades todas que emergen como puntos fuertes en la vida de Fr. Leopoldo. En un clima de incertidumbres y de falta de referencias, la figura del Siervo de Dios se presenta como voz de Dios a las conciencias, precisamente, porque es un oyente atento a las mociones del Espíritu en el corazón del hombre. La linealidad de la persona no debe preocupar, antes bien señala un trabajo laborioso que no se realiza en el ajetreo ruidoso del mundo, sino en el secreto del corazón. El camino que hay que tomar en la lectura de su vida está precisamente en el bajar de puntillas allí donde se ha consumado el amor entre Fr. Leopoldo y Dios. Bajar a la profundidad de su existencia terrena significa observar y contemplar la acción de Dios en transformarlo a imagen de su Hijo Unigénito. Finalmente, cierto día en que, como de costumbre, recogía la limosna de la caridad a sus 89 años, cayó al suelo rodando precipitadamente escaleras abajo desde un primer piso y sufrió fractura de fémur, -- dicen que le empujó el diablo --. Fue ingresado en la Clínica de la Salud de Granada; afortunadamente y sin operación, los huesos le anudaron; regresó al convento y pudo caminar con la ayuda de dos bastones, pero ya no salió más a la calle. Así pudo entregarse totalmente a Dios que era el gran amor de su vida. Y llenándose de Dios, pasó los tres últimos años de su existencia terrena, hasta irse poco a poco consumiendo "cual llama de amor viva".

Finalmente, la llama se extinguió. Con el beso de la hermana muerte, Fr. Leopoldo, el humilde limosnero de las tres Ave Marías, se durmió en el Señor. Era el 9 de febrero de 1956. Tenía 92 años.

La noticia de su muerte corrió y conmovió a toda la ciudad de Granada. Un río humano acudió al convento de capuchinos, el pueblo y las autoridades, hasta los niños se acercaron a ver a su "Fray Nipordo", como ellos le llamaban, mientras se decían unos a otros: "Está muerto pero no da miedo". Su entierro fue multitudinario.

La fama de santidad, de que había gozado en vida, creció después de su muerte. Desde entonces, todos los días, pero, sobre todo el 9 de cada mes, una inusitada afluencia de gentes de todo el mundo visita su sepulcro, siendo numerosas las gracias que Dios concede por intersección de su fiel Siervo.

Instruídos los procesos Informativo Diocesano, de 1961 a 1975 y “De Conocimiento”, de 1983 a 1984. Redactada la “Positio” y consignada en la Congregación de las Causas de los Santos.

Benedicto XVI declaró, en audiencia privada concedida al Cardenal José Saraiva Martins, Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, la heroicidad de sus virtudes el 15 de marzo del 2008. Con vistas a la Beatificación, la Vicepostulación de la Causa escogió el caso de una “presunta” curación de LUPUS sufrido por la Sra. Ileana Martínez del Valle, vecina de Madrid aunque era nativa de Puerto Rico. Recogida la documentación clínica del caso y, previo parecer positivo de los doctores Ennio Ensoli y Patricio Polisca, miembros del álbum médico de la Congregación de las Causas de los Santos, se solicitó al arzobispo de Madrid, cardenal Antonio Mª Ouco Varela, de cuya diócesis era miembro la agraciada, se instruyera el Proceso canónico sobre un “presunto milagro”.

La apertura tuvo lugar el 20 de febrero del 2006 y la clausura el 24 de noviembre del 2006; trasladadas las Actas a Roma y seguidos en el Dicasterio todos los pasos requeridos para el estudio del caso, este fue a consulta médica de la Congregación el 29 de enero del 2009, con resultado positivo (5/5) de los 5 peritos médicos que participaron en la discusión colegial. Preparada, sucesivamente, la Positio “Super Miro”, el Congreso Peculiar de los teólogos (que estudian el aspecto sobrenatural del caso: a quién se invoca, con qué medios, qué se reza...), en la sesión del 20 de mayo del 2009 aprobó por unanimidad (7/7) el caso presentado por la Vicepostulación. En su sesión ordinaria del 27 de octubre del 2009, la Sesión Plenaria de Cardenales y Obispos, aprobó por unanimidad el milagro atribuido a la intercesión de Fr. Leopoldo. Finalmente, Benedicto XVI firmó el Decreto sobre el milagro, en audiencia concedida a S.E.R. Mons. Ángelo Amato, SDB, Prefecto de la Congregación de las Causas de los Santos, el 19 de diciembre del 2009. El Venerable Fr. Leopoldo fue beatificado, en Granada, por Decreto de Benedicto XVI el 12 de septiembre del 2010, en una ceremonia presidida por Mons. Angelo Amato, Prefecto de la Congregación de los Santos.

 Espero que os guste la vida de este Santo tan humilde, y nos animemos cada día a ser más humildes como lo fue él. Hasta el próximo día si Dios quiere.

*Fuente   http://www.frayleopoldo.org


jueves, 29 de marzo de 2012

Semana Santa: Vía Crucis


Queridos amigos internautas, la Cuaresma del año de gracia del Señor de 2012 ha terminado. Durante estas semanas, nos hemos conocido mejor interiormente. Hemos reconocido nuestras faltas y pecados, nos hemos arrepentido y confesado y ahora empezamos un nuevo camino para intentar ser cada día mejores.

Hemos aprendido a amar a Dios cada día un poco más, y cumplir con alegría los mandamientos y la doctrina de Cristo.

Con la perspectiva que me dan los años, reconozco que ahora la Iglesia enseña a los niños el Catecismo y los prepara para ser buenos cristianos de una manera diferente y mejor de cómo lo hacían cuando yo era pequeña. Aún recuerdo con horror cuando yo estaba interna y llegaba la Cuaresma. Nos hacían hacer ejercicios espirituales, nos asustaban hablándonos de la muerte y del infierno. Nos presentaban a Dios como un ser que parecía que siempre nos estaba vigilando para castigarnos cuando cometiéramos alguna falta. Ahora veo con satisfacción como preparan a los jóvenes. La doctrina siempre es la misma, pero la enseñan con alegría y diciendo que la misericordia de Dios es infinita y él siempre nos extiende su mano para ayudarnos, perdonarnos y seguir adelante.

Cuando la noche cae cubriéndolo todo de oscuridad, es el momento en el que salen a la calle en casi todos los pueblos y ciudades las procesiones en las que los tronos llevan las imágenes de Cristo y de la Santísima Virgen María en todos los momentos de la pasión.

El olor de la cera encendida se mezcla con el olor de las flores de los tronos y el aire que viene del campo trayendo el olor a jara, tomillo y romero. Todos estos olores se mezclan con la suave brisa del mar creando una atmósfera mágica.

Cuando vemos las imágenes de Cristo en los tronos, desde el domingo de ramos en que se celebra la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén a lomos de un pollino (burro) hasta el domingo de resurrección.

El lunes santo sale “Jesús Cautivo” por las calles de Málaga, él solo en el trono con una túnica blanca de seda, sus manos atadas y una alfombra de flores a sus pies. Es impresionante verle caminar por las calles de Málaga. Su túnica se mueve al ritmo que llevan los costaleros pareciendo que va él caminando solo.

El miércoles santo sale en mi ciudad Marbella “Jesús Nazareno”. Ya lleva sobre los hombros la cruz a cuesta. Al verlo desfilar en procesión por las calles y mirar su rostro me hace recordar el sufrimiento que padeció cuando él estaba en Jerusalén. Todos le gritaban, le insultaban, le pegaban y le martirizaban. Él, que había venido al mundo para salvarnos del pecado, se ofreció voluntariamente como cordero inocente a morir por todos nosotros.

En su peregrinar por la Vía Dolorosa hasta el Monte Calvario, Cristo cayó tres veces y viendo que no tenía fuerzas para seguir portando la cruz los soldados le pusieron a un hombre llamado Cirineo para que le ayudase a llevar la cruz. Con estas tres caídas que tuvo Jesús nos quiso decir que cuantas veces cayésemos con el pecado nos levantásemos como se levantó él.

El viernes santo Cristo murió en la cruz. Cada vez que vemos a Cristo crucificado por nuestras calles con sus brazos abiertos queriéndonos proteger ante Dios Padre y con su cabeza agachada mirándonos, las entrañas se nos llenan de compasión y le pedimos perdón por todos nuestros pecados.

No creáis que me he olvidado de María, pues la imagen de la virgen siempre detrás de su hijo queriéndolo socorrer, como haríamos cualquiera de nosotras como madres si viéramos martirizar a alguno de nuestros hijos.

Domingo de Resurrección, esta es la fiesta más importante para los cristianos, nuestra Pascua de Resurrección, pues en ella celebramos que Cristo ha resucitado como él nos había dicho” que resucitaría al tercer día de entre los muertos” y este es el fundamento principal de nuestra fe.


Vía Crucis:

Amigos os escribo este vía crucis breve por si alguien quiere rezarlo el viernes santo.

Antes de las estaciones se dice:
Te adoramos, oh Cristo, y te bendecimos que por tu Santa Cruz redimiste al mundo.

Después de cada estación se dice:
-Pequé, señor, pequé, ten piedad y misericordia de mí.

1. Jesús es condenado a muerte
Siendo Dios inmortal, Jesús quiso morir para librarme del pecado
2. Jesús carga con la Cruz
El Señor lleva a cuestas la Cruz, para enseñarme a llevar yo las mías.
3. Jesús cae bajo el peso de la Cruz
Son mis pecados los que hacen que el Señor caiga por tierra
4. Jesús se encuentra con su Santísima Madre
Madre mía: no me faltes nunca en mi camino
5. El Cirineo ayuda a Jesús a llevar la Cruz
Llevando con ánimo mis cruces, ayudo a Jesús a llevar el peso de la suya
6. La Verónica limpia el rostro de Jesús
Tengo que consolar a los demás, cuando sufren, viendo en ellos al Seños
7. Jesús cae la segunda vez
Señor, dame fuerzas y amor para levantarme cada vez que caiga
8. Jesús consuela a las hijas de Jerusalén
El Señor vuelca sobre nosotros su misericordia, aunque está sufriendo por nuestra culpa
9. Jesús cae la tercera vez
Aunque yo caiga muchas veces, el Señor me perdonará por medio se la Confesión
10. Jesús es despojado de sus vestiduras
La vergüenza que pasó el Señor al quedarse desnudo, debe hacerme estimar la virtud de la modestia y el pudor
11. Jesús es clavado en la Cruz
Los tremendos dolores del Señor me recuerdan que he de ser mortificado
12. Jesús muere en la Cruz
Nadie ama más a su amigo, que el que da su vida por ese amigo
13. Jesús es bajado de la Cruz, y entregado a su Madre
Madre mía, quiero acompañarte en tu dolor con el dolor de mis pecados
14. Jesús es puesto en el sepulcro
Me dice San Pablo que he sido sepultado con Cristo, para no cometer más pecados.

Queridos amigos, feliz Pascua de Resurrección y hasta la semana que viene si Dios quiere.

domingo, 18 de marzo de 2012

La misericordia de Dios sobre nuestras almas.



Queridos amigos internautas, estaba paseando al borde del mar y pensaba de qué tema os iba a hablar esta semana. No se me ocurría nada y entonces invoqué al Espíritu Santo, le recé un Padrenuestro y un Avemaría y me quedé absorta escuchando el ruido del mar. Y ahí me vino la idea de la que os voy a hablar hoy.

El mar estaba tranquilo y las olas suaves, periódicamente iban y venían y se estrellaban contra las piedras. Y ahí pensé que nosotros podíamos ser como esas piedras que las olas bañan y van puliendo suavizando sus aristas y poniéndolas cada vez más redondeadas. Entonces comparé que la gracia de Dios nos va envolviendo una y otra vez como las olas y nos va llenando de sabiduría y va limando nuestros defectos y pecados haciéndolos lisos como esas rocas de la playa.

El mar cuando cubría las piedras durante unos segundos quedaba una fina película de agua que con el sol brillaba. Y pensé que durante esos segundos nuestra alma cuando hemos recibido la gracia de Dios, brillamos y nuestra luz la expandimos hacia todos los que nos rodean. Hay quien piensa que en una piedra no hay vida, pero se equivoca. Pues en las piedras viven los moluscos, los mejillones y en los huecos que el agua ha ido haciendo se esconden los pulpos y los peces. Así es nuestra alma: con la ayuda de la gracia de Dios vamos cada vez haciendo que florezcan las virtudes y nuestras buenas acciones.

Decía Santa Teresita que ella era incapaz de hacer cosas enormemente grandes, pero sí que podía hacer muchas pequeñas cosas. Y eso es lo que os quiero decir, que podemos hacer como Santa Teresita y desde que nos levantamos ofrecámosle a Dios todos los actos que hagamos durante el día, por muy sencillos y simples que sean. Como la madre que cuida de su familia, de sus hijos, que los alimenta y los protege o el padre en su trabajo con su esfuerzo ganándose el sustento para su familia o los hijos labrándose un porvenir estudiando y obedeciendo y cada día aprendiendo más. Jesús dijo que ni un solo vaso de agua que diéramos en su nombre se quedaría sin recompensa. Así que imaginaros cuántas pequeñas cosas podemos hacer en el nombre de Dios y ofrecérselas por nuestros hermanos. Seguro que si las ponemos unas encima de otras conseguiremos hacer una gran montaña, pues Jesús durante su estancia en la Tierra siempre nos habló de amor y de perdón, nunca de terror ni de castigo. Una vez le preguntó a San Pedro:

-Pedro, ¿me quieres?

Y Pedro le contestó:

-Sí, Señor, te quiero.

Y se lo repitió por tres veces. Y a la tercera Pedro, entristecido pensando que no se lo creía le contestó:

-Sí, Señor, te quiero.

Y entonces Jesús le dijo:

-Pues apacienta mi rebaño y desde ese momento San Pedro quedó encargado de ser el sucesor de Cristo.



Oración de la mañana.

Ahora os voy a poner una oración que he escogido de un libro antiguo de mi abuela, a la cual yo quería muchísimo. Y ese libro explica con palabras muy sencillas y de una manera muy clara las principales oraciones de la liturgia. Y hoy he escogido la oración de la mañana, pues pienso que viene bien con el tema del que os he hablado, que desde que nos levantemos nos pongamos en presencia de Dios y le ofrezcamos todas nuestras acciones. Espero que la leáis y la recéis por la mañana.

Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.

Señor Dios omnipotente que nos habéis permitido llegar al principio de este día, salvadnos hoy con vuestro poder, para que este día no caigamos en pecado alguno;
antes bien, todas nuestras palabras, pensamientos y obras se dirijan a cumplir vuestra santa Ley. Por Jesucristo nuestro Señor.
Amén.

Oh Señora mía, oh Madre mía, yo me entrego del todo a Vos;
y en prueba de mi filial afecto, os consagro mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón; en una palabra, todo mi ser.

Ya que soy todo vuestro, oh Madre de piedad, guardadme y defendedme como cosa y posesión vuestra.
Amén.

Madre mía, libradme de pecado mortal.
Tres Avemarías.

Ángel de Dios, custodio mío, ya que la soberana piedad en este día a Vos me encondó, iluminadme, guardadme, regidme y gobernadme.
Amén.

Dignaos, Señor, guardarme sin pecado en el día de hoy.

Amigos, no olvidemos que estamos en plena cuaresma, que es tiempo de oración y de penitencia. Preparémonos con alegría para celebrar con gozo la muerte y la resurrección de nuestro señor Jesucristo. Hasta la semana que viene si Dios quiere.